La publicación por parte del Ministerio de Educación y Formación en este momento del borrador de la Circular que regula la aplicación de la tecnología en la educación superior para obtener comentarios de acuerdo con las regulaciones es oportuna.
Porque la inteligencia artificial (IA) ya no está fuera de las puertas de las aulas, sino que está presente en cada ejercicio, cada esquema, cada forma de aprendizaje de los estudiantes.
No es difícil encontrar a un estudiante que usa la IA para resumir materiales, sugerir ideas e incluso escribir un ensayo. Incluso los profesores también están comenzando a usar la IA para diseñar lecciones, construir bancos de preguntas o analizar los resultados académicos.
Se puede decir que la presentación de este borrador por parte del Ministerio no es "abrir la puerta" para que la IA entre en las aulas universitarias, sino restablecer el orden en una puerta que se había abierto de antemano.
Un punto notable en el proyecto de Circular es que la IA no se ve como una "amenaza" para las aulas universitarias, pero tampoco se deja flotar, sino que solo se ve según el principio de "solo apoyar, no reemplazar el papel de los profesores y no distorsionar los resultados académicos".
Esta es la "línea roja" necesaria para evitar que la educación se salga de su curso. Porque si la IA reemplaza demasiado profundamente, el alumno puede completar un ejercicio sin comprender realmente la esencia del problema.
En ese caso, los resultados académicos ya no reflejarán la capacidad, sino solo la capacidad de usar herramientas. Más peligrosamente, desdibuja la línea entre el "autoaprendizaje" y la "copia", entre el "pensamiento" y la "compilación".
Y esa es la razón por la que este borrador de Circular todavía pone mucho énfasis en la integridad académica. Actos como usar la IA para hacer trampa, plagio, falsificación de datos o no anunciar el uso de tecnología... son nombrados y tienen sanciones específicas.
Sin embargo, desde las regulaciones hasta la implementación hay una distancia no pequeña.
La realidad muestra que el control de la IA en la educación no es tan simple como revisar un documento plagiado. A medida que la tecnología se vuelve cada vez más sofisticada, será más difícil distinguir qué es el producto del alumno y qué es el producto de la IA.
Por lo tanto, el control de la IA no puede basarse únicamente en herramientas o procesos técnicos. El mejor control de la IA en las aulas universitarias sigue siendo construir una cultura académica honesta, donde los estudiantes entiendan que el mayor valor del aprendizaje no son las calificaciones, sino sus propias habilidades reales.
Mirando positivamente, si se orienta correctamente, la IA abre grandes oportunidades para la educación superior. La individualización del aprendizaje, el análisis de datos para mejorar los métodos de enseñanza, el apoyo a la orientación profesional... son capacidades que antes eran muy difíciles de implementar a gran escala.
Pero para lograrlo, la educación no puede detenerse solo en la gestión de la IA, sino que necesita dar un paso más para enseñar a los estudiantes y profesores a usar la IA para mejorar el pensamiento, no para reemplazar el pensamiento.
La IA ha entrado en las aulas universitarias, por lo que el problema ya no es si se debe usar o no, sino cómo usarla para no perder el núcleo de la educación, que es formar personas, no formar personas que solo sepan depender de las máquinas.