Los expertos en nutrición recomiendan que las personas con enfermedad renal tengan cuidado al usar este plato para evitar ejercer más presión sobre la función renal.
Una de las razones importantes es que la sopa de hueso suele contener un contenido de purina bastante alto. Durante el proceso de guisado de hueso, la purina de los huesos, la médula y los tejidos conectivos puede disolverse en el caldo. Cuando entra en el cuerpo, la purina se metaboliza en ácido úrico. Si la función renal disminuye, la capacidad de excreción de ácido úrico también disminuye, lo que aumenta el riesgo de acumulación de ácido úrico en la sangre, causando complicaciones como gota o cálculos renales.
Además, muchos tipos de caldo de huesos también contienen niveles significativos de fósforo. Para las personas con enfermedad renal crónica, la capacidad de eliminar el exceso de fósforo disminuye. Cuando el fósforo se acumula en la sangre, el cuerpo puede experimentar trastornos metabólicos minerales, afectando la salud ósea y aumentando el riesgo de calcificación vascular. Esta es una de las complicaciones comunes en pacientes renales a largo plazo.
Otro factor es el contenido de grasa en el caldo de huesos, especialmente cuando se usan huesos tubulares o huesos con muchas médulas óseas. El exceso de grasa puede aumentar las calorías en la dieta, contribuyendo al sobrepeso o a los trastornos lipídicos. Estos problemas pueden aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, una complicación que los pacientes renales suelen encontrar más fácilmente que los sanos.
Muchas personas tienen la costumbre de agregar bastante sal, caldo en polvo o salsa de pescado a la sopa de huesos para realzar el sabor. Pero una alta cantidad de sodio puede hacer que el cuerpo retenga agua, aumente la presión arterial y ejerza una mayor presión sobre los riñones. Controlar la cantidad de sal es uno de los principios importantes en la dieta de las personas con enfermedad renal.
Cabe destacar que el caldo de huesos no siempre es rico en calcio como mucha gente piensa. La mayor parte del calcio en los huesos no se disuelve fácilmente en el agua durante la cocción normal. Por lo tanto, beber muchas sopas de hueso no es una solución eficaz para complementar el calcio para el cuerpo.
Las personas con enfermedad renal deben limitar el consumo de sopa de hueso porque este plato puede contener muchas purinas, fósforos, grasas y sodio, factores que pueden aumentar la carga sobre los riñones.
En cambio, los pacientes renales deben consultar a un médico o nutricionista para construir una dieta adecuada a su estado de salud, ayudando a controlar mejor la enfermedad y mejorar la calidad de vida.