Todos se ralentizaron un poco al pasar por ese melocotonero. Algunas personas se quedaron mirando, otras levantaron sus teléfonos para tomar fotos, otras tocaron suavemente la rama de la flor como si tocaran un deseo. La primavera parece comenzar en momentos sencillos en los que la gente sabe detenerse en medio del ajetreo para disfrutar de la belleza de una rama de flor.


Dentro del antiguo techo del templo, el humo del incienso es tan fino como la niebla. Manos juntas, ojos ligeramente cerrados. La primavera es la estación de la fe y la esperanza. Las arrugas en las manos de los ancianos, la mirada respetuosa de los hombres de mediana edad, la postura silenciosa de los jóvenes, todo se mezcla para transmitir algo para el nuevo año, desde la salud hasta la paz, desde los avances en la carrera hasta una promesa de cambio para uno mismo.

En el patio, el viejo calígrafo escribía diligentemente en papel rojo y amarillo. La tinta negra se filtraba en cada tira de papel como si se filtrara en el corazón del escritor. Cada trazo del bolígrafo temblaba y era firme. La primavera no solo estaba en las flores de durazno, sino también en las letras "Phúc", "An", "Đức" que se entregaban con todo el corazón. La persona que pedía caligrafía recibía el papel, lo apreciaba como un regalo de Año Nuevo, ligero pero cálido.



En otra esquina del lago, la alfombra de flores amarillas brillantes destaca con la frase "Feliz Año Nuevo" rojo brillante. Una niña se queda en silencio frente al letrero de flores, con el cabello atado con un pequeño lazo, como si estuviera leyendo cada palabra con entusiasmo e ingenuidad. En medio de la multitud, globos en forma de caballos rojos brillantes se balancean con el viento. Detrás está el majestuoso monumento, delante está un mar de gente bulliciosa. Antiguo y nuevo, tranquilo y dinámico, la tradición y el ritmo de vida de hoy coexisten en un marco.


Hay momentos muy románticos y encantadores en los que una chica vestida con un áo dài rosa sonríe, levanta la mano para saludar con el gesto de la orden junto a un joven policía junto a la superficie tranquila del lago. En la distancia, la antigua torre refleja su sombra en el agua azul silenciosa. En la esquina del jardín de flores, una niña con un vestido rosa se inclina para tocar las pequeñas flores, mientras que su madre registra pacientemente cada momento. Más lejos, la joven pareja se sienta quieta para que el dibujante dibuje un retrato, con una mirada silenciosa pero cálida. La primavera es cuando queremos guardarnos mutuamente en una foto, un trazo de dibujo, un toque de mano.



Quizás, la primavera no es solo el momento de transición del cielo y la tierra. Es la sensación de empezar de nuevo, de ser confiable, de ser amado. Tiene el rosa de los melocotoneros, el rojo de los puentes, el amarillo de las alfombras de flores, el azul del lago y también el marrón oscuro de las estatuas de madera en medio de la calle. Pero sobre todo, la primavera tiene el color de las sonrisas, de la esperanza, de las manos levantadas para saludarse en paz.
Y al salir de esos espacios, llevamos un poco de calor en el corazón. Suave, pero suficiente para creer que el nuevo año será tan brillante como la mañana de primavera que se abre ante nuestros ojos.