En medio de crecientes preocupaciones sobre el impacto negativo de las redes sociales en los jóvenes, Australia está emergiendo como un "laboratorio de políticas" al aplicar una prohibición para que las personas menores de 16 años utilicen plataformas populares.
Australia ha impulsado la aplicación de esta normativa tras recibir una amplia atención internacional. Los legisladores de muchos países, desde España hasta Malasia, están considerando aplicar medidas similares.
Según los expertos, la firmeza de Australia en esta política es importante.
Todo el mundo está siguiendo a Australia en esta prueba", comentó Jeannie Paterson, experta en IA y ética digital, que trabaja en la Universidad de Melbourne, y dijo que cualquier retroceso podría socavar la credibilidad del gobierno.
Después de que la prohibición entrara en vigor en diciembre, el gobierno australiano registró alrededor de 4,7 millones de cuentas sospechosas de ser de personas menores de edad desactivadas. Sin embargo, nuevos informes muestran que la implementación todavía tiene muchas lagunas.
Casi 1/3 de los padres dijeron que sus hijos menores de 16 años todavía tienen cuentas de redes sociales, mientras que dos tercios de las plataformas no requieren verificación de edad.
Ante esta realidad, Australia ha abierto investigaciones sobre una serie de grandes plataformas como Meta (Facebook, Instagram), TikTok, Google (YouTube) y Snapchat.
Según las regulaciones, las plataformas deben tomar medidas para evitar que los niños creen cuentas, de lo contrario pueden enfrentarse a multas de hasta 49,5 millones de dólares australianos (AUD).
La política de Australia está creando un fuerte efecto de contagio. Gran Bretaña, Canadá y algunos legisladores estadounidenses han tomado la iniciativa de explorar este modelo. Al menos 8 países han expresado su deseo de aplicar restricciones similares.
Sin embargo, el impulso no proviene solo de la política interna. Los recientes fallos en Estados Unidos, en los que Meta fue obligada a pagar cientos de millones de dólares en multas por violaciones de la seguridad infantil, han contribuido a dar forma a la opinión pública y aumentar la presión sobre las plataformas.
Los expertos creen que estas demandas podrían obligar a las empresas de tecnología a cambiar el diseño de sus productos hacia una mayor seguridad, no solo en Estados Unidos sino en todo el mundo.
Aunque se han logrado algunos resultados iniciales, la prohibición de Australia todavía enfrenta muchos desafíos. Los informes muestran que el acoso en línea y el abuso de imágenes no han disminuido significativamente, mientras que los padres tienen dificultades para denunciar infracciones.
De hecho, el problema no solo radica en los padres o los niños, sino en el hecho de que las corporaciones tecnológicas no han cumplido plenamente con sus responsabilidades.
Los expertos creen que el futuro de esta política depende de la capacidad de equilibrar el control y la implementación efectiva.
Si tiene éxito, el modelo de Australia podría convertirse en un estándar global en la protección de los niños en el espacio digital.