El estrés es una reacción psicológica natural a los cambios o presiones en la vida. No solo los adultos, sino también los niños pueden caer en un estado de estrés y ansiedad debido a muchas causas diferentes. Si no se reconoce y apoya a tiempo, esta condición puede afectar las emociones, el comportamiento y el desarrollo del niño.
Según la Dra. Himani Narula, experta en desarrollo y comportamiento infantil en Nueva Delhi (India), el estrés en los niños puede deberse a muchos factores como cambios en el entorno de vida, presión académica, conflictos familiares o sentimientos de inseguridad personal. Para los niños pequeños, tener que estar lejos de sus padres, cambiar los hábitos de vida o empezar a ir a la escuela también puede hacer que se sientan ansiosos.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) dice que los niños suelen ser propensos al estrés cuando experimentan cosas nuevas o inesperadas. Los problemas familiares como la separación de padres, la violencia doméstica o la muerte de familiares son causas comunes de presión psicológica en los niños pequeños.
La escuela también es un entorno que hace que muchos niños sufran estrés. Hacer nuevos amigos, la presión de los exámenes, el gran volumen de ejercicios o el deseo de lograr altos resultados pueden hacer que los niños se sientan abrumados. Cuando son mayores, los niños también tienen que enfrentarse al impacto de las redes sociales, los problemas sociales y la presión de integrarse con los amigos.
Los expertos creen que los padres deben prestar atención a los cambios inusuales en el comportamiento de los niños para detectar tempranamente signos de estrés. Algunas manifestaciones comunes incluyen irritabilidad, cambios de humor erráticos, retraimiento, poca comunicación o pérdida de interés en las actividades favoritas.
Además, los niños estresados también pueden mostrar signos físicos como dolor de cabeza, dolor abdominal, fatiga, dificultad para dormir o cambios en los hábitos alimenticios. Algunos niños se enojan con frecuencia, lloran o pierden la concentración en sus estudios, lo que lleva a un rendimiento en declive.
Un estudio publicado en el Journal of Care Science registró que muchos niños y adolescentes estresados tienen síntomas como ansiedad, latidos cardíacos rápidos, miedo, tristeza o fatiga prolongada. Los investigadores creen que el nivel de estrés está relacionado con la edad, el entorno de aprendizaje y la presión escolar.
Para ayudar a los niños a superar el estrés, los expertos recomiendan que los padres creen un ambiente seguro para que los niños compartan sus emociones y pensamientos. Escuchar, hablar suavemente y no juzgar puede ayudar a los niños a sentirse más comprendidos y tranquilos.
Los padres también deben mantener hábitos de vida estables para los niños, equilibrando el estudio, el juego y el descanso. La actividad física, dormir lo suficiente, una dieta saludable y el tiempo dedicado a la familia juegan un papel importante en la reducción del estrés.
Si el niño tiene síntomas prolongados como tristeza, ansiedad, insomnio o cambios de comportamiento graves, los padres deben llevar al niño a un examen para recibir el apoyo psicológico adecuado.