El verano con clima cálido y húmedo crea condiciones favorables para que las bacterias y los virus se desarrollen en alimentos y bebidas. Esto hace que los niños sean propensos a las enfermedades gastrointestinales, especialmente la diarrea.
Según el Dr. Gopal Agrawal, director del Departamento de Pediatría y Neonatología del Grupo Hospitalario Cloudnine (India), comer alimentos o beber agua contaminada, mala higiene de manos, almacenamiento incorrecto de alimentos o exposición a fuentes de agua contaminada pueden aumentar el riesgo de infección intestinal en los niños. Los agentes comunes incluyen rotavirus, norovirus, bacterias E. coli y Salmonella.
Cuando un niño tiene diarrea, lo más importante es prevenir la deshidratación. Los padres deben darle al niño solución de rehidratación electrolítica (ORS) de acuerdo con las instrucciones apropiadas para la edad. Si el niño vomita, debe darle pequeños sorbos pero con regularidad.
Los niños que están amamantando o alimentados con leche de fórmula aún deben seguir siendo alimentados normalmente. Para los niños mayores, se puede agregar agua filtrada, agua de coco o sopa líquida para ayudar a rehidratarse. Mientras tanto, los refrescos, los refrescos energéticas o los jugos de frutas enlatados deben limitarse porque pueden empeorar la diarrea.
Los expertos también recomiendan no dejar que los niños ayuden cuando tengan diarrea. Los alimentos blandos y fáciles de digerir como la papilla, el arroz, los plátanos o el yogur pueden ayudar a proporcionar energía y nutrientes necesarios para el proceso de recuperación.
Además de rehidratar y mantener una dieta adecuada, los niños necesitan descansar lo suficiente para apoyar el proceso de recuperación. Los padres también deben prestar atención a la higiene personal, especialmente lavarse las manos con jabón después de cambiar los pañales de los niños y antes de preparar los alimentos para limitar el riesgo de propagación de gérmenes.
Aunque la mayoría de los casos de diarrea pueden mejorar después de unos días, algunos signos de advertencia deben tenerse en cuenta. Los padres deben comunicarse con un médico si el niño tiene síntomas de deshidratación como boca seca, ojos hundidos, sin lágrimas al llorar o orinar menos de lo normal. Además, los niños con vómitos continuos, fiebre alta, dolor abdominal intenso, sangre o moco en las heces también deben ser examinados pronto.
También se recomienda llevar a los niños a un centro médico cuando la diarrea dura más de 48-72 horas o cuando los niños muestran signos de letargo, somnolencia anormal, mucha fatiga. Para los niños menores de 6 meses, el riesgo de deshidratación progresa más rápido, por lo que es necesario evaluarlo a tiempo por un médico tan pronto como aparezcan los síntomas.
Para reducir el riesgo de diarrea en verano, los padres deben animar a los niños a lavarse las manos con regularidad, usar agua limpia, comer alimentos procesados frescos y almacenados correctamente. Las verduras y frutas también deben lavarse antes de usarlas.
El cuidado adecuado y el seguimiento de cerca de los signos anormales ayudarán a los niños a recuperarse más rápido, al tiempo que limitarán las peligrosas complicaciones causadas por la deshidratación.