Recuerdo una vez sentado tomando café con un amigo que trabajaba en los medios de comunicación. Contó que hubo momentos en que ejecutaba proyectos continuamente, el dinero llegaba regularmente, el horario estaba tan apretado que no había días libres. Mirando, todos decían que estaba teniendo éxito. Pero luego se detuvo, repentinamente como la gente apaga una máquina que está sobrecargada. Contó que hubo noches en las que llegó a casa, abrió el refrigerador sin saber qué debía comer, por qué estaba viviendo. "Si solo fuera para demostrarle a la gente que soy bueno, sería muy agotador, y nadie recordaría esa habilidad por mucho tiempo".
Esa historia le hizo pensar que el éxito suele ser ruidoso, mientras que el valor es silencioso. El éxito es como los fuegos artificiales, brillantes, llamativos, pero se desvanecen rápidamente. El valor es como las luces en la casa, no lo más brillante, pero es lo que la gente necesita cuando oscurece.
Como la vendedora de xôi al principio del callejón de su casa. No tuvo éxito de la manera que la gente suele definir: sin título, sin grandes activos, sin logros especiales. Pero cada mañana, se levanta a las 4 de la mañana, cocina xôi muy suave, muy delicioso a un precio de 10.000 VND/paquete y nunca discute con los clientes. Los clientes habituales no son solo porque el xôi es delicioso, sino porque recuerda a cada persona, quién le gusta el xôi đỗ, quién ama el xôi lạc, quién le gusta comer ruốc, o añadir sésamo...
En realidad, el valor suele comenzar con cosas muy pequeñas. Un periodista verifica cuidadosamente la información antes de publicarla. Un fotógrafo espera pacientemente la luz en el momento adecuado. Un hijo dedica tiempo a escuchar a sus padres. Estas cosas definen silenciosamente a su persona. Mientras tanto, tratar de ser una persona exitosa a veces nos hace un poco apresurados. Apresurarse a alcanzar un hito, apresurarse a compararnos con los demás, apresurarse a demostrarse a sí mismos. Esa prisa es como correr en una cinta de correr, muy rápido, muy cansado, pero en realidad todavía de pie en el mismo lugar. Por el contrario, cuando nos centramos en convertirnos en una persona valiosa, vamos un poco más lento. Lento para aprender bien una cosa, lento para entender profundamente una cosa, lento para ser más amable con los demás. Y precisamente esa "lentería" nos ayuda a ir más lejos.
Finalmente, el éxito suele depender de cómo te vean los demás, mientras que el valor depende de quién eliges convertirte. Y si un día te das cuenta de que no has tenido éxito según algún estándar, no pasa nada. Intenta hacer una pregunta diferente, más suave, ¿he hecho algo útil hoy? Si la respuesta es "sí", aunque sea muy pequeña, entonces te has acercado a algo mucho más sostenible, que es tu propio valor.