En la "Carta al sector educativo con motivo de la inauguración del nuevo año escolar 2026-2027", el Secretario General y Presidente del Estado, To Lam, planteó el requisito: Cada escuela debe ser un lugar donde los estudiantes sean respetados, escuchados, animados a autoaprender y practicar habilidades; un lugar donde se descubran y apoyen los talentos y los estudiantes en circunstancias difíciles no se queden atrás. Los logros deben estar vinculados al progreso sustancial de cada estudiante.
Este mensaje sugiere una visión más integral de los objetivos de la educación en el nuevo año escolar. La escuela no solo tiene la tarea de transmitir conocimientos, organizar exámenes y confirmar los resultados con puntajes. El objetivo más importante es ayudar a cada estudiante a madurar tanto en intelecto, personalidad, habilidades y valentía para la vida.
En realidad, las notas siguen siendo muy necesarias para evaluar parcialmente los resultados académicos, pero no pueden reflejar plenamente la capacidad y las cualidades de una persona.
Un estudiante que obtiene puntajes altos no necesariamente tiene la capacidad de trabajar de forma independiente, cooperar con otros o comportarse de manera responsable. Por el contrario, un estudiante con resultados académicos no sobresalientes aún puede poseer creatividad, talento especial, fuerza de voluntad y cualidades valiosas.
Por lo tanto, si la escuela y la familia solo se centran en las notas, los estudiantes son fácilmente arrastrados a la carrera por lograr resultados. Estudian para aprobar el examen, para ocupar una posición alta en clase, pero pueden carecer de oportunidades para practicar la capacidad de resolver problemas, adaptarse al cambio y aplicar el conocimiento a la vida.
La educación integral requiere cambios a partir de cada hora de clase. Los profesores no solo deben transmitir respuestas disponibles, sino que también deben guiar a los estudiantes para que sepan hacer preguntas, buscar información por sí mismos, analizar y defender sus puntos de vista.
La inspección y evaluación también deben reconocer el proceso de progreso, la capacidad práctica, el espíritu de cooperación y el sentido de responsabilidad, en lugar de depender solo de la capacidad de memoria.
En el contexto del rápido desarrollo de la ciencia, la tecnología y la inteligencia artificial, este requisito se vuelve aún más urgente. El conocimiento puede cambiar pronto y muchos trabajos pueden ser apoyados o reemplazados por máquinas, pero el pensamiento independiente, la honestidad, la creatividad, el sentido de la responsabilidad y la forma en que las personas se tratan siguen siendo valores sostenibles.
Para lograr ese objetivo, es necesario otorgar más autonomía a las escuelas y a los profesores, al tiempo que se reduce la presión administrativa, los expedientes y los logros formales. Los profesores deben tener suficiente tiempo, condiciones y mentalidad para observar y descubrir las capacidades individuales de cada estudiante, en lugar de obligarlos a seguir el mismo patrón.
Un año escolar exitoso no solo se refleja en el número de estudiantes excelentes, premios o tasas de aprobados, sino que también debe medirse por la madurez de cada estudiante. Los logros académicos deben estar vinculados al pensamiento independiente, saber asumir la responsabilidad y saber vivir decentemente.
El destino de la educación no radica en las hermosas hojas de calificaciones para informar de los logros, sino también en la madurez de cada estudiante en conocimiento, personalidad, valentía y responsabilidad con la comunidad y el país.