La vida tiene lecciones que llegan demasiado tarde.
La gente suele vivir como si todo durara para siempre. Los padres siempre estarán allí. La persona que aman siempre estará allí. Los amigos siempre estarán allí. Pensando que mañana es largo, hoy es fácil ser indiferente. La gente reserva una disculpa para otra ocasión, reserva una llamada para la semana que viene, reserva un abrazo para la próxima reunión.
Pero impermanente sin cita previa.
Una hoja verde puede volverse amarilla después de solo una noche. Un encuentro aparentemente normal puede ser la última vez. Una persona que todavía está sentada a tu lado esta mañana, esta noche se ha convertido en un recuerdo. Suena triste, pero entender lo impermanente no es para vivir con ansiedad, sino para saber apreciarlo. Porque sabiendo que las flores se marchitarán, la gente mira las flores con más cuidado. Sabiendo que la juventud pasará, viven más plenamente. Sabiendo que sus padres envejecerán, se irritarán menos una vez. Sabiendo que la persona que aman no puede estar con ellos toda la vida, aprenden a ser más gentiles en cada día que están juntos.
Muchos sufrimientos humanos se originan en una ilusión de que uno puede poseer. Quieres mantener a la persona que amas para que siempre te pertenezca. Quieres que el tiempo permanezca en el momento en que eres más feliz. Pero la verdad es que nadie puede poseer a nadie. El destino permanece. Cuando el destino se agota, te vas. Lo importante no es mantener a alguien a tu lado, sino cómo lo has tratado durante su presencia. ¿Amas y aprecias lo suficiente? Si la respuesta es sí, entonces cuando te separas, el corazón se aliviará mucho.
Las personas que entienden lo impermanente, a menudo viven un poco más lento. Disputan menos por cosas que no valen la pena, discuten menos por algunas palabras, critican menos por pequeños errores. Saben que el tiempo que pasamos juntos es más corto de lo que pensamos. Hoy ver a los padres también es felicidad, escuchar la voz de la persona que amas es suerte. Hoy estar sano para ir, para trabajar, para soñar también es una suerte.
Y luego te das cuenta de que lo más hermoso de la vida no es cuánto tienes, sino haber estado presente plenamente en lo que tienes. Por lo tanto, la impermanencia no da miedo, te recuerda vivir más profundamente, amar más y estar más agradecido. Porque nadie está seguro de lo que sucede mañana, y hoy es lo más valioso que la vida te está dando.