A primera vista, eso parece cierto, incluso tan cierto que es fácil de subestimar. Pero luego, después de pasar por algunas mañanas apresuradas, algunos largos días de cansancio, la gente se da cuenta de que la gratitud no es un pensamiento fugaz, sino una forma de ver que puede cambiar la forma en que vivimos.
Una mañana normal, te despiertas por el despertador. El reflejo habitual es fruncir el ceño, apagar el despertador y luego pensar en un largo día por delante: trabajo, presión, citas que no son necesariamente agradables. Pero si te detienes un poco, solo un poco, puedes darte cuenta de algo muy simple: te has despertado. El cuerpo sigue funcionando, los ojos siguen abiertos, el ritmo cardíaco sigue siendo constante. Hay personas que no lo tienen, o tienen que sacrificar mucho para mantenerlo.
La gratitud no hace que la vida se vuelva repentinamente perfecta. Simplemente cambia ligeramente nuestro enfoque, de lo que falta a lo que tenemos. Y lo interesante es que lo que tenemos a menudo se considera obvio hasta el punto de ser casi invisible.
Un techo, por ejemplo. No todo el mundo piensa en ello como algo a lo que agradecer. Pero intenta una vez estar bajo una fuerte lluvia, sin refugio, entenderás el valor de una puerta cerrada, un alero, una esquina de habitación seca. Y luego un ser querido...
Una noche tardía, en un restaurante popular, una pareja de mediana edad sentada una frente a la otra, el marido quita silenciosamente los huesos de pescado y los pasa al cuenco de su esposa. La esposa no se sorprende, como si eso se hubiera repetido cientos de veces. No hay palabras floridas allí, pero hay una forma de gratitud muy silenciosa porque la otra persona todavía está aquí, todavía hace cosas pequeñas pero familiares.
La gratitud, si solo se detiene en la idea, desaparecerá rápidamente. Pero si se practica, puede cambiar la forma en que reaccionamos a la vida. Cuando estás agradecido por tener un hogar, te sentirás menos incómodo por un poco de desorden. Cuando estás agradecido por tener un ser querido, te sentirás menos duro en un debate innecesario. Cuando estás agradecido por despertarte, verás que un nuevo día, aunque normal, también tiene su propio valor.
Por supuesto, hay días en que todo parece estar en tu contra, el trabajo tiene problemas, la salud es inestable, las relaciones se vuelven tensas. En esos días, sentirse agradecido suena casi irrazonable. Pero quizás, precisamente en esos momentos, la gratitud es más necesaria que nunca, para recordar que la vida todavía tiene puntos de apoyo, aunque sean pequeños.
La gratitud hace que la forma en que vemos el mundo cambie. Y cuando la forma de ver cambia, la forma de vida también cambia silenciosamente, lo suficiente como para que algún día te des cuenta de que tu vida, resulta que ha cambiado, comenzando con cosas muy pequeñas, muy familiares y que alguna vez fueron olvidadas.