Entre ellos, muchos aviones tuvieron que volar en círculos en el cielo, detenerse para despegar en tierra, e incluso algunos vuelos tuvieron que desviarse a aeropuertos alternativos.
Detrás de esos 38 vuelos hay miles de pasajeros cuyos horarios se han trastornado, reuniones importantes que se han perdido, contratos comerciales suspendidos, viajes de negocios prolongados y gastos inesperados.
Esta es una advertencia sobre un riesgo de inseguridad aérea.
Por lo tanto, cuando se detecta un objeto volador extraño en un área restringida, la agencia de control de vuelo se ve obligada a aplicar las medidas de seguridad más altas, incluida la suspensión de vuelos de aviones en espera o la suspensión temporal de operaciones.
No hay otra opción, la seguridad aérea siempre debe ser más importante que todos los factores económicos y de tiempo.
Lo preocupante es que esta no es la primera vez que ocurre esta situación.
Anteriormente, el área del aeropuerto de Da Nang había registrado repetidamente drones y objetos voladores que invadían ilegalmente, afectando las operaciones de control de vuelo.
Los eventos consecutivos que aparecen muestran que esto ya no es un fenómeno aislado, sino que se está convirtiendo en un peligro constante para los aeropuertos.
Los drones son cada vez más populares, el precio es cada vez más barato, la compra y venta es bastante fácil, si no hay medidas de gestión estrictas, casos similares pueden continuar.
Los daños de estos comportamientos no se limitan a que un vuelo se retrase varias decenas de minutos.
Cada minuto que el avión tiene que volar esperando en el aire significa que aumentan los costos de combustible. Cada vuelo retrasado conlleva la perturbación de toda la cadena de operación.
Las aerolíneas sufren pérdidas, el aeropuerto se ve afectado en su capacidad de servicio, los pasajeros pierden tiempo y el trabajo se interrumpe.
El efecto dominó de la interrupción de la aviación es mucho mayor de lo que se ve.
La Administración de Aviación Civil de Vietnam propuso que sea necesario fortalecer la propaganda y el control de las operaciones de los drones y otros objetos voladores, pero lo más importante es identificar rápidamente a los infractores y tratarlos con severidad.
Los actos de llevar drones o volar cometas en zonas de exclusión aérea no pueden detenerse solo en el nivel de recordatorio, las sanciones deben ser lo suficientemente fuertes como para crear disuasión.
Además, es necesario revisar estrictamente la importación, el comercio y el uso de vehículos aéreos no tripulados.
Un dron puede ser solo un entretenimiento, una cometa puede ser solo un pasatiempo para los niños pequeños. Pero cuando aparecen cerca del aeropuerto, ya no son un juego inofensivo.
La aviación es un campo que no permite errores, solo un minuto de subjetividad puede llevar a consecuencias impredecibles.