Promueve la producción de colágeno para ayudar a reafirmar la piel
El colágeno es el principal componente que crea la estructura y la elasticidad de la piel, sin embargo, el cuerpo no puede producir esta sustancia por sí solo sin vitamina C. La vitamina C actúa como catalizador para que las enzimas tomen los pasos necesarios para formar y mantener una estructura de colágeno estable.
Un tomate crudo de tamaño mediano proporciona alrededor de 17 mg de vitamina C, lo que equivale a casi el 19% del valor nutricional diario recomendado para el cuerpo. Por lo tanto, comer tomates con regularidad junto con otros alimentos saludables es una forma sencilla de satisfacer las necesidades del cuerpo de vitamina C y apoyar una piel sana.
Reduce los efectos nocivos de los rayos ultravioleta gracias al activo licopeno
Además de la vitamina C, los tomates maduros también contienen una gran cantidad de licopeno, un pigmento que crea el color rojo característico con una fuerte actividad antioxidante. Cuando la piel está expuesta a los rayos ultravioleta (UV), la luz solar estimulará la creación de bases de oxígeno que reaccionan dañinamente a las células de la piel. El ingrediente activo licopeno tiene la capacidad de limitar este daño oxidativo, lo que ayuda a reducir el enrojecimiento y proteger la piel de los efectos nocivos de los rayos UV.
Tanto los tomates crudos como los tomates cocidos aportan beneficios nutricionales específicos al cuerpo. Los tomates frescos proporcionan una abundante cantidad de vitamina C que se pierde fácilmente al exponerse a altas temperaturas. Por el contrario, cocinar los tomates ayuda al cuerpo a absorber el licopeno mucho más fácilmente. Dado que el licopeno es un ingrediente activo liposoluble, combinar los tomates con una fuente de grasa saludable como el aceite de oliva aportará un efecto de absorción óptimo.
Para diversificar las comidas diarias, puedes convertir los tomates en muchos platos sencillos. Puedes hacer salsa de tomate hirviendo tomates a fuego lento con ajo, cebolla y aceite de oliva; usarla para rociar pastas o hacer salsa para acompañar los huevos.
También puedes cocinar sopa de tomate moliendo los tomates y cocinando con caldo, cebollas y aceite de oliva para obtener un tazón de sopa caliente para acompañar el pan. Además, puedes colocar rodajas de tomate crudo sobre pan tostado con queso, o cortar en trozos pequeños y mezclar con pepino y salsa de aceite de oliva para hacer una ensalada refrescante.