Sin embargo, no pocas personas temen que la cantidad de azúcar en la sandía pueda causar aumento de peso o afectar el azúcar en sangre. Los expertos en nutrición creen que, si se usa correctamente, la sandía todavía aporta muchos beneficios significativos para la salud.
Según Cynthia Sass, nutricionista de Nueva York y colaboradora de la revista Health (EE. UU.), la sandía contiene hasta más del 90% de agua, lo que ayuda al cuerpo a rehidratarse eficazmente, especialmente en climas cálidos. Además, esta fruta también proporciona vitamina C, vitamina A y antioxidantes como el licopeno, un compuesto relacionado con la reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares y el apoyo a la protección celular.
Un punto notable es que, aunque tiene un sabor dulce, la sandía tiene una baja densidad de energía. Edwin McDonald, especialista en gastroenterología de la Universidad de Chicago (University of Chicago Medicine, EE. UU.), comentó que comer sandía con una dieta razonable puede ayudar a controlar el peso al crear una sensación de saciedad sin consumir demasiadas calorías.
Sin embargo, los expertos recomiendan no comer sandía con el estómago vacío o comer demasiada en una sola vez, ya que puede causar un rápido aumento del azúcar en sangre. Las personas con diabetes deben dividir las porciones y combinarlas con alimentos ricos en fibra o proteínas para ralentizar la absorción de azúcar.
El momento de comer también es muy importante. Comer sandía durante el día, especialmente unas 1-2 horas después de las comidas principales, ayuda al cuerpo a absorber mejor los nutrientes y a limitar el almacenamiento de azúcar.
Comprender claramente cómo comer y ajustar las porciones ayudará a aprovechar al máximo los beneficios de esta fruta refrescante mientras se garantiza una salud a largo plazo.