La insulina juega un papel importante en el control del azúcar en sangre, especialmente en personas con diabetes. Sin embargo, no existe un índice de azúcar en sangre específico que, una vez que se supera, el paciente esté obligado a inyectarse insulina.
Para la diabetes tipo 1, la insulina es un tratamiento obligatorio porque el cuerpo casi no puede producir insulina por sí mismo.
En personas con diabetes tipo 2, la insulina se puede recetar cuando el azúcar en sangre es muy alto, aparecen síntomas de hiperglucemia evidentes, el cuerpo carece de insulina o cuando la dieta, el ejercicio y los medicamentos hipoglucemiantes ya no controlan eficazmente la enfermedad. En algunas situaciones especiales, la insulina también se puede usar temporalmente, por ejemplo, cuando la paciente tiene una enfermedad aguda o durante el embarazo según lo prescrito por el médico.
Por lo tanto, no debe basarse únicamente en una prueba de glucosa en sangre para decidir la inyección de insulina.
Las insulinas tienen diferentes tiempos de inicio y efectos, desde la insulina de acción rápida utilizada durante las comidas hasta la insulina de acción prolongada que ayuda a mantener la cantidad de insulina basal. La dosis debe personalizarse en función del azúcar en sangre, la dieta, la actividad física y el régimen de tratamiento.
Los usuarios de insulina deben ser guiados sobre cómo inyectar, conservar el medicamento, controlar el azúcar en sangre y reconocer signos de hipoglucemia como temblores, sudoración, hambre, mareos o confusión. Las personas con riesgo de hipoglucemia grave pueden ser guiadas por un médico para preparar glucagón.
No se puede determinar el índice glucémico, por lo que la inyección de insulina debe basarse únicamente en un número. Los pacientes deben ser evaluados exhaustivamente por un médico para elegir el momento, el tipo de insulina y la dosis adecuada, controlando así el azúcar en sangre de forma segura y limitando las complicaciones.