Según los expertos en nutrición, el grupo de alimentos de apellido frijol en general juega un papel activo en el apoyo a la función renal a través del mecanismo de mejora del metabolismo y reducción de la carga sobre este órgano.
Según la Fundación Nacional de Riñón (EE. UU.), los frijoles son alimentos "ricos en fibra, proteínas vegetales y minerales, y bajos en grasas", lo que ayuda a mantener la salud cardiovascular y apoya la dieta para las personas con enfermedad renal.
Además, según la nutricionista Kathleen M. Zelman (EE. UU.), los frijoles negros contienen muchos antioxidantes, fibra y proteínas, componentes que "ayudan al cuerpo a controlar el azúcar en sangre y reducir el riesgo de enfermedades crónicas". El buen control del azúcar en sangre también contribuye a reducir el riesgo de daño renal, especialmente en personas con riesgo de diabetes.
Además, estudios de síntesis muestran que la fibra y el almidón resistentes en los frijoles ayudan a nutrir el microbioma intestinal, reduciendo así la inflamación y mejorando el metabolismo de todo el cuerpo, un factor indirecto que apoya la función renal.
Sin embargo, para maximizar los beneficios, el uso es el factor decisivo. Los frijoles deben remojarse y cocinarse bien para eliminar las toxinas naturales como la lectina, una sustancia que puede ser perjudicial si se come crudo o no cocido. Los adultos solo deben usar entre 20 y 40 g/día, evitando el abuso que causa hinchazón.