Según estudios nutricionales, las manzanas contienen un alto contenido de fibra soluble pectina, que tiene la capacidad de unirse al colesterol en el intestino y ayudar a eliminarlo del cuerpo antes de entrar en la sangre. Este es un mecanismo importante para ayudar a reducir el colesterol total y especialmente el colesterol LDL (grasa en la sangre), el principal factor de riesgo de las enfermedades cardiovasculares.
El profesor Frank Hu, experto en nutrición y epidemiología de la Escuela de Salud Pública Harvard T.H. Chan (EE. UU.), dijo: "Agregar frutas ricas en fibra soluble como las manzanas a la dieta diaria puede ayudar a mejorar el perfil de grasa en sangre, reducir el riesgo de aterosclerosis y eventos cardíacos". Enfatizó que esta eficacia es más evidente cuando las manzanas se utilizan con regularidad, en lugar de los aperitivos ricos en azúcar y grasas saturadas.
Las manzanas no solo son ricas en fibra, sino que también contienen polifenoles y flavonoides, compuestos antioxidantes que ayudan a reducir la inflamación de los vasos sanguíneos y limitan la oxidación del colesterol LDL, un factor que promueve la formación de placas ateroscleróticas. Algunos estudios de observación muestran que las personas que comen manzanas regularmente tienden a controlar mejor la grasa en la sangre y la presión arterial en comparación con el grupo que consume menos frutas.
Los expertos recomiendan comer manzanas con piel, ya que la mayor parte de la fibra y los antioxidantes se concentran en la piel exterior. Las manzanas se pueden usar directamente, en ensaladas, zumo sin azúcar o combinar con avena y yogur en el desayuno.