A medida que aumenta la edad, el corazón también experimenta muchos cambios estructurales y funcionales. En invierno, el clima frío contrae los vasos sanguíneos, aumenta la presión arterial y ejerce más presión sobre el sistema cardiovascular. Una condición cada vez más común en los ancianos es la frecuencia cardíaca lenta, que se define cuando el corazón late continuamente por debajo de 60 latidos por minuto.
En jóvenes o atletas, un ritmo cardíaco lento puede reflejar una buena condición física. Sin embargo, en los ancianos, esta condición suele estar relacionada con una disminución de la capacidad del corazón para transmitir electricidad, lo que provoca una disminución de la cantidad de sangre rica en oxígeno que llega al cerebro y a los órganos importantes.
Según el Dr. Kartikeya Bhargava, director sénior de electrofisiología cardíaca y armonología en el Hospital Medanta (Gurugram, India), el sistema eléctrico del corazón, especialmente el nodo sinusal, la parte que crea el ritmo natural, puede degenerar con el tiempo. El proceso de fibrosis y calcificación del tejido cardíaco hace que las señales eléctricas se transmitan lentamente o se interrumpan. Además, las enfermedades crónicas comunes en los ancianos como la hipertensión, la diabetes o la enfermedad coronaria también contribuyen a aumentar el riesgo de ritmo cardíaco lento.
Lo preocupante es que los síntomas de la frecuencia cardíaca lenta en los ancianos a menudo no son claros y se confunden fácilmente con signos de envejecimiento comunes. Los pacientes pueden sentir fatiga prolongada, mareos, vértigo o disminución de la resistencia al movimiento. Algunos casos presentan dificultad para respirar en la vida diaria, pérdida de memoria o falta de concentración. Los desmayos son síntomas más graves, pero no siempre ocurren con frecuencia.
El diagnóstico de la frecuencia cardíaca lenta debe realizarse con cuidado. Según los cardiólogos, el primer paso es examinar cuidadosamente los síntomas y el historial médico. El electrocardiograma ayuda a registrar la actividad eléctrica del corazón en el momento del examen. Sin embargo, debido a que la frecuencia cardíaca lenta puede ocurrir de forma intermitente, a los pacientes generalmente se les indica usar un monitor Holter durante 24–48 horas o más para detectar posibles arritmias. También se realizan análisis de sangre para descartar otras causas como trastornos de la tiroides o desequilibrios electrolíticos.
La dirección del tratamiento depende de la causa y el grado de impacto de los síntomas. En casos leves o debido a efectos secundarios de los medicamentos, el ajuste de la dosis o el cambio de medicamento puede ser suficiente para controlar la condición. En los casos en que el ritmo cardíaco lento causa síntomas evidentes, afecta la calidad de vida o existe un riesgo potencial de complicaciones, el implante de marcapasos es una solución eficaz. Los dispositivos de marcapasos modernos, especialmente los dispositivos inalámbricos, ayudan a reducir la invasión, acortar el tiempo de recuperación y son adecuados para los ancianos.
Los expertos recomiendan que las personas mayores no sean subjetivas ante la fatiga, los mareos o la pérdida de energía prolongada, especialmente en la estación fría. Los exámenes tempranos y el monitoreo regular del ritmo cardíaco ayudan a detectar anomalías a tiempo, protegiendo así la salud cardiovascular y manteniendo una vida activa.