La pérdida de apetito es una condición bastante común en los días calurosos prolongados. Muchas personas dicen que comen menos de lo normal, ya no están interesadas en los alimentos grasos o a menudo se sienten llenas aunque no hayan comido mucho. Según los expertos, esta es principalmente una respuesta fisiológica natural del cuerpo cuando tiene que adaptarse a las altas temperaturas ambientales.
Según la Sra. Veena, Jefa del Departamento de Nutrición Clínica del Hospital Aster Whitefield (India), el fenómeno de la disminución del apetito en verano está relacionado principalmente con el mecanismo de regulación de la temperatura corporal del cuerpo.
Cuando hace demasiado calor, el cuerpo prioriza las actividades que ayudan a refrescarse, como aumentar la sudoración y aumentar el flujo sanguíneo a la superficie de la piel. Esto ralentiza el proceso de digestión y reduce las señales de hambre. Además, el proceso de digestión de los alimentos también hace que el cuerpo genere más calor, también conocido como generación de calor. Por lo tanto, en verano, el cuerpo tiende a comer menos para limitar el aumento de calor desde el interior.
Esta es también la razón por la que muchas personas sienten que los platos grasosos y picantes se vuelven menos atractivos en el clima bochornoso. En cambio, los platos refrescantes, fáciles de digerir o que contienen mucha agua suelen ser preferidos.
Uno de los factores importantes que afecta el apetito en verano es la deshidratación. Cuando la temperatura aumenta, el cuerpo pierde más agua y electrolitos a través del sudor. La deshidratación leve a veces puede confundirse con la sensación de alivio del hambre. Además, beber mucha agua, refrescos, comer frutas o alimentos ricos en agua también crea una sensación de saciedad más rápida, lo que hace que la ingesta de alimentos disminuya.
Además de la deshidratación, el clima cálido también puede causar fatiga, letargo y afectar la calidad del sueño. Estos factores pueden afectar a las hormonas que controlan la sensación de hambre y saciedad, como la ghrelina y la leptina. En algunas personas, la exposición a altas temperaturas durante mucho tiempo también causa náuseas o molestias gastrointestinales, lo que les hace no querer comer.
Sin embargo, los expertos creen que reducir los antojos en verano no suele ser demasiado preocupante si el cuerpo todavía está lleno de agua y energía. Sin embargo, si la anorexia persiste acompañada de signos como pérdida de peso rápida, fiebre, vómitos, debilidad o fatiga severa, los pacientes deben acudir al médico temprano. Esto puede ser una manifestación de infección, agotamiento por el calor o otros problemas de salud subyacentes.
Para limitar la falta de apetito en verano, los expertos recomiendan dividir las comidas en porciones más pequeñas en lugar de saltarse las comidas por completo. Priorizar los alimentos fáciles de digerir como frutas frescas, ensaladas, yogur, agua de coco, leche de mantequilla o fuentes de proteínas ligeras puede ayudar al cuerpo a mantener la energía sin ejercer presión sobre el sistema digestivo.
Además, mantenerse hidratado, dormir lo suficiente y limitar la exposición a temperaturas demasiado altas también son medidas importantes para ayudar al cuerpo a adaptarse mejor en verano.