El estrés mental no es solo un problema emocional, sino también un factor de riesgo médico que afecta simultáneamente al sistema digestivo y cardiovascular. Muchos estudios demuestran que una respuesta prolongada al estrés puede cambiar la actividad fisiológica del cuerpo, desde el peristaltismo intestinal hasta el ritmo cardíaco y la presión arterial.
El Dr. Arpit Bansal, cirujano oncológico y experto en salud intestinal, dijo que cuando las personas se encuentran en un estado de estrés, el cuerpo activa el mecanismo de supervivencia. El sistema nervioso simpático funciona fuertemente, ralentizando la digestión y desviando la sangre del intestino a otros órganos importantes. Puede aparecer un desequilibrio en el microbioma intestinal, lo que lleva a acidez estomacal, hinchazón, trastornos digestivos, síntomas similares al síndrome del intestino irritable y inflamación prolongada.
Impacto fisiológico en el sistema cardiovascular
Al mismo tiempo, las hormonas del estrés como la adrenalina y el cortisol aumentan el ritmo cardíaco, contraen los vasos sanguíneos y aumentan la presión arterial. El corazón tiene que trabajar más para satisfacer las necesidades del cuerpo en un estado de alerta máxima. Un indicador que se utiliza a menudo para evaluar el nivel de adaptación del corazón es la variación del ritmo cardíaco. Cuando el estrés crónico disminuye, este indicador refleja una capacidad de regulación del sistema cardiovascular débil.
El profesor Andrew Steptoe, psicólogo de salud del University College London, opina que el estrés prolongado está estrechamente relacionado con la inflamación sistémica y el aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares. Según él, si la respuesta al estrés se repite con frecuencia sin control, el cuerpo caerá en un estado de sobrecarga biológica.
Eje cerebro-intestino-cardio y mecanismo de recuperación
La conexión entre el cerebro, el tracto intestinal y el sistema cardiovascular se regula a través del nervio alveolar. Cuando el cuerpo está en un estado de relajación, este nervio promueve la digestión eficazmente, reduce la respuesta inflamatoria y estabiliza el ritmo cardíaco. Por el contrario, cuando el estrés predomina, este eje regulador se altera.
Los expertos recomiendan medidas médicas como la respiración lenta y profunda, el ejercicio físico regular, dormir lo suficiente y mantener una dieta equilibrada para apoyar el microbioma intestinal y estabilizar la presión arterial. La gestión del estrés no solo mejora la calidad de vida, sino que también juega un papel en la prevención de enfermedades cardiovasculares y digestivas a largo plazo.