
Un estudio realizado por un grupo de científicos en Estados Unidos y Canadá, encabezado por Jessie P. Buckley, profesora de epidemiología en la Universidad de Carolina del Norte (EE. UU.), ha demostrado el impacto del grupo de productos químicos PFAS en la salud de los niños.
Los PFAS (abreviatura de sustancias per- y polifluoroalquilo), se denominan "químicos permanentes" porque existen durante mucho tiempo en el medio ambiente y son difíciles de descomponer. Se utilizan ampliamente en muchos campos como textiles, electrónica y productos de limpieza.
El estudio siguió a 218 niños durante muchos años, midiendo las concentraciones de algunas sustancias PFAS en la sangre, incluyendo PFOA, PFOS, PFHxS y PFNA, y luego las comparó con la densidad ósea en las etapas de desarrollo.
Los resultados mostraron que las altas concentraciones de PFOA estaban relacionadas con una menor densidad ósea de antebrazo a los 12 años. Con otras sustancias, el nivel de impacto varía según el momento de la exposición.
Según los investigadores, la diferencia entre el grupo con niveles altos y bajos de PFAS puede aumentar el riesgo de fracturas óseas en aproximadamente un 30%, aunque esta es solo una estimación.
En particular, esta conexión es más evidente en las niñas, lo que sugiere que el factor sexual puede desempeñar un papel en el impacto del PFAS en los huesos.
Los estudios también muestran que las PFAS pueden afectar a la vitamina D, un factor importante en el proceso de desarrollo óseo. Esto puede explicar el mecanismo que hace que la densidad ósea disminuya.
Los expertos advierten que la baja densidad ósea en la etapa infantil puede aumentar el riesgo de enfermedades como la osteoporosis y las fracturas óseas en la edad adulta.
Sin embargo, este es un estudio observatorio, por lo que no se puede confirmar la relación causal directa. Los científicos creen que es necesario continuar el seguimiento a largo plazo para evaluar el impacto en la edad adulta.
Actualmente, aunque algunas sustancias como los PFOA han sido restringidas por la Convención de Estocolmo, los PFAS siguen existiendo ampliamente en el agua, los alimentos y el medio ambiente.
Los investigadores enfatizan que reducir la exposición a PFAS en la etapa de desarrollo temprano puede ayudar a proteger la salud ósea a largo plazo de los niños.