El 2 de febrero, hablando en una conferencia de prensa, la Sra. Anna-Kaisa Itkonen, portavoz de la Comisión Europea (CE), dio una respuesta oficial a la protesta de algunos estados miembros.
Ella enfatizó que la CE se ha preparado cuidadosamente para la próxima batalla legal. "Hungría y Eslovaquia tienen pleno derecho a desafiar esta regulación. Sin embargo, protegeremos nuestros puntos de vista y medidas ante el tribunal", declaró la Sra. Itkonen.
El mismo día, en otra rueda de prensa en Madrid, el Comisario de Energía de la UE, Dan Jorgensen, también recibió una pregunta similar. Jorgensen, quien es el principal responsable de la construcción de este marco legal, afirmó su absoluta confianza en la legalidad de las decisiones de la CE.
Declaró que la regulación que prohíbe el gas ruso desarrollada bajo su liderazgo es "100% legal" y cumple con los acuerdos de la coalición.
La dura declaración de la CE se produjo inmediatamente después de la medida de Budapest. El ministro de Asuntos Exteriores húngaro, Peter Szijjarto, anunció en la mañana del 2 de febrero que el país había presentado formalmente una demanda ante la Corte de Justicia de la Unión Europea (CJUE). La demanda tiene como objetivo contrarrestar la prohibición de la UE de los suministros de energía de Rusia, lo que Hungría considera una amenaza directa para la seguridad energética nacional.
Esta demanda marca una nueva escala de tensión en las relaciones entre los órganos rectores de la UE y los estados miembros de Europa Central.
Hungría y Eslovaquia, dos países sin fronteras marítimas, han dependido durante mucho tiempo en gran medida del suministro de gas barato y estable de Rusia a través de un sistema de gasoductos de tránsito.
Los observadores señalan que la reacción de Budapest y Bratislava no es solo política sino que surge de una necesidad real urgente.
Reemplazar las fuentes de gas de Rusia con gas natural licuado (GNL) de Estados Unidos u otras fuentes requiere enormes costos de inversión en infraestructura. El costo de las nuevas importaciones de energía también es mucho mayor, lo que ejerce una gran presión sobre la economía y los consumidores nacionales.
Mientras que la CE se esfuerza por cortar por completo la dependencia de la energía de Moscú como parte de una estrategia de sanciones, países como Hungría creen que esta política está causando daños inversos a sus propios miembros.
La decisión de Hungría y Eslovaquia de llevar el caso ante el Tribunal Supremo del bloque muestra una profunda división dentro de la UE. Se espera que esta batalla legal sea larga y compleja, planteando una gran pregunta sobre los límites de poder de la CE para imponer políticas energéticas a cada estado miembro.