El 24 de febrero, la administración del presidente estadounidense Donald Trump se pronunció oficialmente en contra de las acciones de Ucrania dirigidas al puerto petrolero de Novorossiysk en la costa rusa del Mar Negro.
La embajadora de Ucrania en Estados Unidos, Olga Stefanishyna, confirmó en una conferencia de prensa que Estados Unidos había enviado una protesta diplomática, señalando que los ataques de Kiev interrumpieron el flujo de petróleo de las principales corporaciones energéticas estadounidenses que operan en Kazajstán.
El Departamento de Estado de Estados Unidos enfatizó que Ucrania debe abstenerse de atacar áreas que afecten los intereses de Estados Unidos al desplegar operaciones militares dirigidas a la infraestructura rusa.
El objetivo atacado es la estación final del gasoducto perteneciente a la Asociación de Gasoductos del Caspio (CPC), un eslabón estratégico que transporta alrededor del 80% de las exportaciones de petróleo de Kazajstán, incluida la producción de grandes empresas como Chevron Corp., Exxon Mobil Corp. y Shell Plc.

Aunque Ucrania declaró que los ataques de finales del año pasado tenían como objetivo cortar los ingresos del petróleo y el gas financiados para la campaña militar rusa, las consecuencias reales obligaron a Kazajstán a recortar drásticamente la producción y el transporte. Esto tuvo un impacto negativo directo en las inversiones estadounidenses de miles de millones de dólares en la región de Asia Central, obligando a la Casa Blanca a intervenir para proteger la seguridad económica nacional.
La embajadora Stefanishyna aclaró que la advertencia de Estados Unidos no tiene como objetivo evitar que Ucrania ataque objetivos militares o puramente energéticos rusos, sino que solo se centra en proteger los intereses económicos específicos de Estados Unidos afectados en Novorossiysk.
Anteriormente, para proteger el proyecto CPC, Estados Unidos incluso permitió que el grupo ruso Lukoil conservara acciones en esta empresa conjunta a pesar de las estrictas sanciones impuestas el año pasado. Esta medida muestra que Estados Unidos está dispuesto a poner los intereses económicos pragmáticos por encima de las prioridades de apoyo militar en situaciones que pongan en riesgo a los grupos energéticos nacionales.
La parte ucraniana declaró que había recibido una advertencia de los aliados y que tendría que considerar más cuidadosamente los planes de combate futuros para evitar la ruptura de las relaciones con Estados Unidos.
El incidente se produjo justo en el aniversario del cuarto aniversario del conflicto, destacando la complejidad de las relaciones entre Kiev y la nueva administración en Estados Unidos, donde los intereses económicos centrales son la máxima prioridad.
Los observadores señalan que la presión pública de Estados Unidos para obligar a Ucrania a ajustar sus objetivos militares muestra un cambio claro en la estrategia de intervención de la Casa Blanca ante la crisis actual.