La Unión Europea (UE) ha aprobado oficialmente la regulación que prohíbe todas las importaciones de gas ruso a finales de 2027. Cuando se aprobó la decisión a finales de enero, solo Hungría y Eslovaquia votaron en contra. Sin embargo, debido a que se clasifica como una medida comercial, la prohibición todavía se aprobó mediante un mecanismo de votación mayoritaria de elegibilidad.
Sin aceptar este resultado, el Gobierno húngaro del Primer Ministro Viktor Orban presentó una demanda contra la UE ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) el 2 de febrero, alegando que Bruselas había violado los tratados básicos del bloque. Eslovaquia también declaró seguir los pasos de Budapest.
El ministro de Relaciones Exteriores húngaro, Peter Szijjarto, dijo que la demanda se basa en 3 argumentos principales. Primero, la prohibición del gas ruso es esencialmente una medida punitiva, y las sanciones deben ser acordadas por los 27 estados miembros de la UE.
En segundo lugar, la elección de fuentes de energía es competencia de cada país, no de la UE.
En tercer lugar, esta regulación amenaza gravemente la seguridad energética de Hungría.
Hungría no es ajena a las demandas de la UE. Actualmente, hay docenas de demandas iniciadas por Budapest esperando que el CJUE las juzgue. Aunque Hungría solía fracasar antes, algunos expertos legales creen que esta vez la situación podría ser diferente.
El académico Viktor Szep, experto en derecho europeo de la Universidad de Groningen (Países Bajos), comentó que este es "un caso en el que Hungría realmente tiene la oportunidad de ganar".
El punto clave radica en la pregunta aparentemente técnica: ¿Es la prohibición del gas ruso una medida comercial o una sanción exterior "disfrazada" de comercial?
Si se trata de sanciones, la UE está obligada a alcanzar un consenso absoluto. Pero al incluirlo en la política comercial, la Comisión Europea solo necesita una mayoría cualificada para aprobarlo, invalidando así el poder de veto de Hungría y Eslovaquia.
Según Szep, la UE ha roto la práctica legal de larga data, porque los paquetes de sanciones contra Rusia o países como Irán y Venezuela se aprobaron previamente por consenso. "Es muy difícil defender a la Comisión Europea en este punto", dijo.

Por su parte, la UE cree que hay una diferencia fundamental. Según los expertos en energía, las sanciones suelen ser temporales y se pueden levantar cuando la causa ya no existe. Mientras tanto, la prohibición del gas ruso está diseñada para cambiar a largo plazo la estructura energética europea.
El Comisario de Energía de la UE, Dan Jorgensen, declaró una vez con franqueza: Incluso si se restablece la paz, la UE ya no comprará gas ruso.
Algunos observadores dicen que la UE también evita deliberadamente el riesgo de ser vetada por Hungría. El primer ministro Orban ha mantenido una relación cercana con el presidente ruso Vladimir Putin y ha ralentizado o bloqueado repetidamente las medidas de presión sobre Moscú.
El proceso judicial en el Tribunal Popular Supremo puede durar muchos años. Incluso si Hungría gana, no es seguro que la prohibición se invierta de inmediato. El Tribunal Europeo ha permitido repetidamente una medida que se anula legalmente, pero que sigue vigente para evitar grandes perturbaciones económicas.
Durante ese tiempo, los países de la UE y las empresas energéticas seguirán acelerando la búsqueda de fuentes de suministro alternativas, la inversión en nueva infraestructura y la reducción gradual de la dependencia del gas ruso.
Por el momento, la regulación sigue vigente: A finales de 2027, toda la UE, incluida Hungría y Eslovaquia, debe detener la compra de gas ruso.