El 5 de febrero, el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergey Lavrov, concedió una entrevista exclusiva a RT con motivo del aniversario del Día del Diplomático.
Aquí, el jefe de la diplomacia rusa expresó su profunda decepción por las acciones incomprensibles y contradictorias de Estados Unidos en los últimos tiempos.
El centro de las críticas es la última decisión de sanción que Estados Unidos ha impuesto a los dos "gigantes" energéticos rusos, Lukoil y Rosneft.
El Sr. Lavrov enfatizó que las antiguas sanciones aún están vigentes. No solo no se han levantado como se esperaba, sino que Estados Unidos también ha lanzado nuevos golpes extremadamente duros.
Lo notable es que el momento de tomar esta decisión, cuando solo tuvo lugar unas semanas después de la reunión de alto nivel en Anchorage (Alaska, EE. UU.), donde ambas partes tuvieron intercambios considerados muy positivos.

El ministro de Relaciones Exteriores ruso reveló un detalle importante: el propio presidente Vladimir Putin también se sorprendió por esta medida de la Casa Blanca.
La sorpresa de los líderes rusos surgió del ambiente de buena voluntad en la mesa de negociaciones anterior. Lavrov relató que las dos partes se separaron en Anchorage en un alto consenso.
En ese momento, Rusia había expresado su apoyo a las propuestas de Estados Unidos para resolver la prolongada crisis en Ucrania. Moscú cree que se está abriendo una hoja de ruta pacífica.
Después de esa reunión, esperábamos la confirmación oficial de Estados Unidos. Creemos que, como han estado de acuerdo con nuestra propuesta, deberíamos anunciar algo concreto", compartió Lavrov.
La parte rusa esperaba convocar una conferencia internacional, firmar un documento de paz o establecer un consejo de paz conjunto. Estos son pasos razonables según la lógica diplomática habitual después de una negociación exitosa.
Sin embargo, en lugar de apretones de manos o documentos de cooperación, la respuesta de Washington son las sanciones económicas.
El hecho de que Estados Unidos apunte directamente a Lukoil y Rosneft, dos pilares financieros de la economía rusa, se considera una grave escalada de tensiones.
Los observadores señalan que este movimiento no solo causa daños económicos, sino que también erosiona la confianza estratégica entre las dos potencias.
La declaración del Sr. Lavrov muestra el escepticismo de Moscú sobre la coherencia en la política exterior de Estados Unidos. Estas acciones que son completamente contrarias al espíritu de diálogo están amenazando con llevar los esfuerzos diplomáticos a un callejón sin salida, a pesar de las señales optimistas que acaban de surgir en Alaska.