La final se desarrolló con un juego cerrado desde el principio cuando ambos equipos entraron en el partido con cautela y tomaron la iniciativa de disputar ferozmente en el centro del campo. Indonesia fue el equipo que creó más presión en la primera mitad de la primera parte gracias a su estilo de juego de presión de alto nivel y su capacidad para cambiar de estado rápidamente.
Esa ventaja se materializó en el minuto 16 cuando Andrés Putra aprovechó una situación de combinación de banda rápida para rematar a quemarropa, abriendo el marcador para Indonesia. Sin embargo, el hecho de cometer muchos errores generales temprano hizo que el equipo del archipiélago tuviera que jugar con más cautela en el resto de la mitad.
Cuando quedaban solo 2 segundos para el primer tiempo, Tailandia recibió un tiro libre de 10 metros y Itticha aprovechó con éxito la oportunidad para marcar el gol del empate 1-1, devolviendo el partido al equilibrio antes del descanso.
En la segunda parte, Tailandia jugó de forma más proactiva y creó muchas ocasiones peligrosas. Tras algunas desafortunadas ocasiones desperdiciadas, el punto de inflexión del partido llegó en el minuto 32 cuando Panut Kittipanuvong realizó una jugada técnica antes de lanzar un potente disparo que elevó el marcador a 2-1 para el equipo local.
En los últimos minutos, Indonesia cambió a una táctica de power-play para buscar el gol del empate. Este equipo ejerció una gran presión sobre la portería de Tailandia y casi empató en el minuto 37 cuando Rahaman cabeceó el balón al larguero. Sin embargo, los esfuerzos de Indonesia no fueron efectivos.
Al final, Tailandia ganó 2-1 para ganar el campeonato regional, continuando afirmando su posición de liderazgo en el campo de fútbol sala del Sudeste Asiático con otro título importante en la historia de la selección nacional.