La medida de rectificar el "playback" del Departamento de Cultura y Deportes de la ciudad de Ho Chi Minh es una seria advertencia ante el riesgo de que el escenario musical sea "cambie" de valor.
Durante muchos años, el playback se ha convertido en un "secreto público". No pocos artistas optan por reproducir grabaciones pregrabadas para garantizar la perfección y evitar riesgos escénicos.
Pero cuando esto se abusa, la línea entre la actuación y la "presentación" se borra. El público compra entradas para escuchar el canto en vivo, no para presenciar una escena sincronizada de labios con sonido pregrabado.
Pueden aceptar una nota desafinada, un momento de falta de aliento, porque esa es la persona que actúa de verdad.
Pero la sensación de ser engañado no es fácil de perdonar.
Porque son los límites humanos, las emociones reales, la improvisación, incluso los errores los que crean la vitalidad duradera de una actuación.
Una actuación perfecta hasta el ritmo si faltan las emociones genuinas del artista en el espacio de actuación, al final es solo un producto insensible.
Cantar con una voz real ante el público es un diálogo con el público.
Más preocupante aún, cuando la historia no se detiene en el playback, una nueva "ola" está surgiendo, los cantantes de IA imitan voces de artistas reales.
La inteligencia artificial puede crear voces casi perfectas, produciendo "nuevas grabaciones" de cantantes famosos pero sin su participación.
Esto no es solo una cuestión ética, sino también una violación de los derechos personales, los derechos de autor y la reputación.
El público es llevado a una experiencia falsa, mientras que los artistas son "robados" de sus voces, que son el activo profesional principal.
Si no se controla, esta tecnología puede ser completamente explotada para fines más maliciosos como fraude, difamación o extorsión.
Desde una perspectiva artística, la aparición del cantante de IA plantea una gran pregunta: si todo se puede crear perfectamente con máquinas, ¿dónde está el papel del artista?
La respuesta es que un producto de IA puede despertar la curiosidad, incluso crear un fuerte efecto a corto plazo. Pero a largo plazo, es difícil reemplazar la empatía y la conexión que aporta un verdadero artista.
El arte no es solo sonido, sino también historia, experiencia y emociones de vida.
Los dos fenómenos de playback y cantantes de IA falsos, aunque diferentes en apariencia, comparten la misma naturaleza, reduciendo la autenticidad del arte e infringiendo el derecho del público a disfrutar de los valores reales.
Reforzar la gestión es necesario, pero lo más importante es la conciencia de los profesionales.
En una era en la que la tecnología puede crear todo, lo "real" es lo más valioso.