Entre ellos, el desayuno juega un papel muy importante porque establece la "velocidad" del metabolismo durante el día.
Muchos estudios demuestran que las personas que se saltan el desayuno con frecuencia o toman un desayuno desequilibrado son más propensas a acumular grasa abdominal. Un desayuno rico en fibra y carbohidratos complejos ayuda a estabilizar el azúcar en sangre, reducir el hambre y limitar los sobrepesos en las comidas posteriores. Esto ayuda indirectamente a reducir la grasa abdominal en general y en la zona abdominal.
Los carbohidratos en el desayuno no son "enemigos" si se elige el tipo correcto: priorizar los carbohidratos complejos como los cereales integrales, la avena, las frutas y verduras ricas en fibra en lugar de los carbohidratos refinados (pan blanco, dulce...).
Estos tipos liberan energía lentamente, ayudan a controlar los niveles de azúcar en sangre y reducen la sensación de hambre durante toda la mañana.
La fibra diet juega un papel muy importante en la reducción de la grasa abdominal debido a muchos mecanismos: aumenta la sensación de saciedad, prolonga el tiempo de digestión, ralentiza la absorción de azúcar y grasa, ayuda a limitar la acumulación de grasa visceral.
En otro estudio de la Universidad Wake Forest (EE. UU.), aumentar 10 g de fibra soluble al día está relacionado con una reducción de aproximadamente el 3,7% de la grasa visceral después de 5 años de seguimiento, incluso sin cambios significativos en otros hábitos.
Esta es una señal fuerte que muestra que no solo la energía total, sino también la calidad de los carbohidratos y la fibra determinan mucho la grasa abdominal.
Un desayuno científico para ayudar a reducir la grasa abdominal suele incluir:
proporciona beta-glucano, una fibra soluble que ayuda a aumentar la sensación de saciedad y apoya el equilibrio del azúcar en sangre.
Los cereales integrales como la cebada, la quinua, el arroz integral o la harina integral, ricos en fibra y carbohidratos complejos, ayudan a limitar las fluctuaciones del azúcar en sangre.
Las frutas frescas (por ejemplo, manzanas, peras, bayas) proporcionan fibra soluble y vitaminas antioxidantes, lo que ayuda a controlar el hambre.
Los frijoles y las lentejas (fibra y proteína vegetal) ayudan a sentirse llenos por más tiempo y a estabilizar la energía por la mañana.
Las grasas saludables de las semillas de chía, las semillas de lino o las almendras, aunque no son carbohidratos, favorecen una absorción lenta y una sensación de saciedad.
La combinación de carbohidratos complejos + fibra + proteínas moderadas ayuda a reducir la ingesta total de calorías en el día y a ralentizar la absorción de azúcar, reduciendo así el almacenamiento de grasa, especialmente en la zona abdominal.