Cultivar verduras limpias en la azotea es una opción popular para muchas familias urbanas, en la que la lechuga es popular debido al corto tiempo de cosecha. Sin embargo, no pocas amas de casa se enfrentan a la situación de que las plantas son raquíticas, difíciles de desarrollar, con hojas pequeñas o marchitas a pesar de dedicar mucho esfuerzo a cuidarlas.
Uno de los errores básicos es la falta de experiencia al tratar el sustrato, así como al controlar la temperatura en la azotea al cultivar este tipo de verdura.
Elegir un sustrato de plantación inadecuado
Muchas amas de casa tienen la costumbre de usar tierra de carne pesada o tierra vieja sin tratar para cultivar lechuga. La característica de la lechuga es que tiene raíces de racimo débiles, lo que requiere que el suelo sea extremadamente suelto y bien drenado.
Si el suelo está compactado, es muy fácil que las raíces de la planta no absorban todos los nutrientes. La falta de componentes orgánicos como fibra de coco y ceniza de arroz hace que el suelo se decolore rápidamente, lo que hace que la planta solo se desarrolle a un cierto nivel.
Plantas cultivadas en ambientes demasiado cálidos
La azotea es un lugar con una luz solar bastante fuerte y una alta temperatura del suelo de hormigón. La lechuga prefiere la frescura, por lo que si se planta directamente bajo una luz solar demasiado intensa durante 6 horas al día, las hojas se quemarán, se marchitarán y tendrán un sabor amargo.
Uno de los errores comunes es colocar la maceta cerca del suelo de hormigón sin estantes altos ni malla protectora. El calor transmitido directamente a la maceta aumentará la temperatura de la zona de la raíz, lo que dificultará que la lechuga crezca y crezca exuberante.
Regar incorrectamente, falta de humedad
La lechuga necesita humedad constante pero tiene mucho miedo a mojarse, por lo que el hábito de regar vigorosamente, especialmente al mediodía bajo el sol o dejar que el suelo se seque y se vuelva blanco antes de regar, será perjudicial para la planta.
Por el contrario, regar con demasiada agua por la noche también puede causar fácilmente que las enfermedades fúngicas provoquen la pudrición de las hojas. El procedimiento estándar es rociar ligeramente por la mañana temprano y por la tarde fría para mantener la humedad estable. Limite la falta de agua que hace que la lechuga se marchite y pierda su dulzura natural.
Densidad de siembra demasiado densa
Para ahorrar espacio, muchas amas de casa siembran semillas o plantan plantas demasiado juntas. Cuando las verduras crecen, las hojas se superponen, lo que dificulta la fotosíntesis y la mala circulación del aire.
Las lechugas que carecen de espacio tendrán dificultades para encontrar luz para crecer, lo que provocará que las plantas crezcan exuberantes, con tallos débiles y hojas delgadas. Mantenga una distancia mínima de plantación de 15 cm entre las plantas, lo que ayudará a que las lechugas enrollen fácilmente una copa ancha, verde y obtengan un alto rendimiento.