Lo alentador es que el concepto de felicidad no solo se entiende como escuelas espaciosas, árboles verdes y hermosos, sino que se coloca en el entorno general de educación humana, respetando y escuchando a los estudiantes y las oportunidades de desarrollo de cada estudiante.
Sin embargo, lo que preocupa a la sociedad es que este modelo debe ser sustancial, no detenerse en lemas, criterios formales o campañas a corto plazo.
La escuela feliz no se mide con lemas o números que informen de logros.
Los estudiantes que van a la escuela por la mañana con miedo a ser intimidados, aislados en clase, ridiculizados en las redes sociales, insultados verbalmente todos los días no son felices.
Los estudiantes estudian desde la mañana hasta la noche, después de las clases regulares vuelven a tomar clases adicionales, estudiar los fines de semana hasta el punto de sobrecarga, vivir bajo una presión demasiado grande sobre las notas y los exámenes también es difícil de llamar felicidad.
Por lo tanto, para construir una escuela feliz, la condición fundamental que hay que hacer es hacer retroceder la violencia escolar y la enfermedad del logro.
Cada pelea escolar, cada clip de violencia que se difunde en las redes sociales es una advertencia de que el entorno educativo todavía tiene vacíos que llenar.
La violencia no son solo puñetazos y patadas, sino también desprecio, insulto, discriminación, aislamiento y presión mental.
Solo cuando el trabajo de prevención, detección temprana y apoyo a los estudiantes, ayudando a los estudiantes a sentirse seguros tanto física como mentalmente, sabiendo que son escuchados, protegidos y apoyados cuando tienen problemas en la escuela, se puede hablar de felicidad.
Junto con eso está la lucha contra la enfermedad del logro. Las escuelas no pueden ser felices si los maestros y los estudiantes siempre están obsesionados con los objetivos, los concursos, los números bonitos en los papeles.
Una escuela feliz debe ser un lugar donde los estudiantes se desarrollen según sus propias capacidades, se acepten las diferencias y tengan un pensamiento independiente.
Una escuela feliz es un lugar para crear espacio para que los estudiantes creen, no para explotar la memoria.
Lo notable es que este modelo no solo está dirigido a los estudiantes, sino que también se preocupa por el equipo de docentes. No se puede exigir que los docentes traigan felicidad a los estudiantes si ellos mismos están bajo una presión demasiado grande sobre el trabajo, los ingresos y la vida.
Solo los profesores felices pueden construir una clase verdaderamente feliz.
Ninh Binh, Ha Tinh, Nghe An, Ciudad Ho Chi Minh y algunas localidades tienen modelos dignos de referencia. Es necesario replicar las formas efectivas de hacer las cosas, al tiempo que se fomenta la creatividad para que cada localidad encuentre soluciones adecuadas a sus condiciones reales.
Una escuela feliz no es el destino, sino el viaje de la reforma educativa desde las cosas más cercanas.
No violencia escolar, no enfermedad del logro, reducir la presión de las clases particulares, practicar habilidades para la vida, aumentar el respeto y la escucha de los estudiantes.
Esa es la base de una escuela feliz.