El precio del oro registró la sesión de mayor caída en más de dos semanas, perdiendo más de 100 dólares en una sola sesión, desde un precio de apertura de 4.842 dólares por onza hasta casi 4.700 dólares por onza, antes de fluctuar en torno a la zona de 4.720-4.760 dólares por onza. La caída se produjo en un contexto de fuertes aumentos del dólar estadounidense, aumentos de los rendimientos de los bonos estadounidenses y temores de que la inflación siga aumentando debido al conflicto en Oriente Medio.

Esta evolución refleja una paradoja cada vez más clara en el mercado: la tensión geopolítica, un factor que una vez impulsó el flujo de dinero hacia el oro, está activando el riesgo de endurecimiento monetario, reduciendo así el atractivo del metal precioso.
El continuo bloqueo del Estrecho de Ormuz ha provocado un shock de suministro de energía a gran escala, impulsando los precios del petróleo a mantenerse por encima del umbral de los 90 dólares por barril. Esto aumenta la presión inflacionaria mundial, obligando a los bancos centrales a considerar mantener altas tasas de interés o incluso seguir subiendo las tasas de interés.
En ese contexto, el aumento del valor del dólar estadounidense se convierte en un factor que ejerce presión directa sobre el oro, un activo valorado en billetes verdes y que no genera rendimiento. A medida que aumentan las tasas de interés, también aumentan los costos de oportunidad de poseer oro, lo que hace que el flujo de dinero tienda a moverse hacia activos rentables.
En particular, la declaración de Kevin Warsh, candidato a presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, refuerza aún más las expectativas de una política monetaria prudente. Dijo que es necesario construir un nuevo marco para abordar la inflación persistente y no comprometerse a recortar fuertemente las tasas de interés en el futuro, reduciendo las expectativas de flexibilización monetaria del mercado.
Por el contrario, las señales diplomáticas hicieron que los precios del oro fluctuaran bruscamente en cada sesión. La extensión del alto el fuego con Irán por parte del presidente estadounidense Donald Trump ayudó a que los precios del oro se recuperaran ligeramente, ya que la preocupación por un shock inflacionario disminuyó.
Sin embargo, las perspectivas de negociación siguen siendo muy frágiles. Las señales opuestas de ambas partes hacen que el mercado mantenga un alto nivel de cautela. Los analistas creen que el precio del oro depende actualmente en gran medida de las noticias relacionadas con el alto el fuego y la demanda de liquidez, mientras que cualquier colapso en las negociaciones podría revertir rápidamente la tendencia.
Desde que estalló el conflicto a finales de febrero, el precio del oro ha caído entre un 8 y un 11%, principalmente debido a la presión de liquidez en la fase inicial que obligó a los inversores a vender para compensar las pérdidas en otros activos.
Sin embargo, a largo plazo, el precio del oro aún mantiene un aumento significativo, aumentando más del 25% desde principios de 2025 y alrededor del 43% en comparación con el mismo período del año anterior. Esto muestra que la tendencia alcista todavía está respaldada por factores fundamentales como la inflación prolongada, la inestabilidad económica y la demanda de almacenamiento de los bancos centrales.
Las grandes organizaciones como JPMorgan y Goldman Sachs siguen manteniendo puntos de vista positivos, pronosticando que el precio del oro podría fluctuar entre 4.000 y 6.300 dólares por onza hasta 2026. La demanda de compra de oro por parte de los bancos centrales, aunque se ralentiza, sigue desempeñando un papel importante como "base de precios", limitando el riesgo de una caída profunda y prolongada.
A corto plazo, el mercado del oro se enfrenta a muchas variables importantes: datos económicos estadounidenses, perspectivas de inflación, política de la Reserva Federal de Estados Unidos y, en particular, los resultados de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán.
El hecho de que la reciente caída sea una oportunidad de compra o una señal inicial para un ciclo de ajuste más profundo dependerá de la evolución geopolítica en los próximos días. Si el conflicto se intensifica, el oro puede recuperar su papel de refugio; por el contrario, si los riesgos se enfrían y las tasas de interés se mantienen altas, la presión a la baja continuará.