Entre ellos, el limón y el pomelo son dos opciones populares, fáciles de encontrar y recomendadas por muchos expertos.
El limón es rico en vitamina C y compuestos antioxidantes que pueden apoyar la función hepática al reducir el estrés oxidativo, un factor relacionado con el daño a las células hepáticas. Además, el agua de limón también ayuda a mejorar la hidratación, apoyando el proceso de eliminación de residuos a través de los riñones.
Mientras tanto, el pomelo también es una rica fuente de antioxidantes como la naringenina y la vitamina C. Algunos estudios demuestran que estos compuestos pueden ayudar a reducir la inflamación, apoyar el funcionamiento del hígado de manera más eficaz y, al mismo tiempo, contribuir al control del peso, un factor importante en la prevención de la enfermedad del hígado graso.
Sin embargo, expertos del Instituto Nacional de Salud (EE. UU.) recomiendan no abusar de las frutas agrias. El consumo excesivo de frutas agrias puede causar irritación estomacal o afectar el esmalte dental. En particular, el pomelo puede interactuar con algunos medicamentos, por lo que las personas que están recibiendo tratamiento deben consultar a un médico.