La berenjena es rica en fibra, potasio y compuestos antioxidantes, que pueden ayudar a controlar la presión arterial y la grasa en la sangre cuando se procesa adecuadamente. En particular, la cáscara de la berenjena contiene muchas vitaminas y fitoactivos beneficiosos para las paredes de los vasos sanguíneos, por lo que se debe conservar la cáscara cuando se come.
Algunos métodos de preparación sencillos y bajos en grasa, como cocinar al vapor, hervir, hacer ensaladas o puré de berenjenas, se consideran más adecuados para las personas que necesitan controlar la presión arterial. Después de cocinar al vapor hasta que estén blandas, las berenjenas se pueden mezclar con aceite de oliva, salsa de sésamo, ajo picado y una pequeña cantidad de salsa de soja o sal para realzar el sabor y limitar las grasas malas y el sodio.
Las berenjenas también contienen muchas vitaminas y minerales como calcio, fósforo, hierro y compuestos flavonoides en la cáscara púrpura. Estos componentes pueden contribuir a apoyar la salud cardiovascular, limitar la arteriosclerosis y mejorar la circulación sanguínea si se complementan regularmente en una dieta equilibrada.
Sin embargo, se deben limitar los platos de berenjenas fritas en abundante aceite porque las altas temperaturas y las grandes cantidades de aceite pueden provocar pérdidas de nutrientes y no son beneficiosas para las personas con presión arterial alta o trastornos lipídicos. Los platos al vapor o molidos ayudan a retener más nutrientes y reducen la ingesta de grasa.
Además, las berenjenas se pueden combinar de forma flexible tanto en platos vegetarianos como en platos salados, como saltear rápidamente, cocinar sopa o mezclar en ensaladas, lo que ayuda a que las comidas sean diversas y al mismo tiempo apoyen una dieta saludable para el corazón.