Este tipo de grasa se considera peligrosa porque está relacionada con el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y trastornos metabólicos. Algunos expertos en nutrición creen que agregar semillas de chía a la dieta puede ayudar a controlar la grasa visceral si se usa correctamente.
Las semillas de chía son ricas en fibra, omega-3 y proteínas vegetales. Según estudios nutricionales, 2 cucharadas de semillas de chía pueden proporcionar casi 10 g de fibra, lo que equivale a aproximadamente el 40% de las necesidades diarias de fibra del cuerpo. Esta cantidad de fibra ayuda a crear una sensación de saciedad duradera, limitando así el exceso de comida, un factor importante en el control del peso y la reducción de la grasa abdominal.
Además, cuando entran en contacto con el agua, las semillas de chía forman una capa de gel espeso que ayuda a ralentizar el proceso digestivo y estabilizar el azúcar en sangre. Este mecanismo puede ayudar a reducir los antojos y ayudar a controlar la ingesta calórica.
Algunos estudios también registraron efectos positivos en la circunferencia de la cintura. En un ensayo de 6 meses, las personas que agregaron alrededor de 30 g de semillas de chía al día redujeron aproximadamente 3,5 cm de circunferencia de la cintura, lo que demostró la capacidad de reducir la grasa visceral cuando se combinó con una dieta razonable.
Según el gastroenterólogo formado en Harvard, Saurabh Sethi, las semillas de chía pueden ayudar a controlar el peso gracias a su alto contenido de fibra y su capacidad para crear gel en el estómago, lo que ayuda a prolongar la sensación de saciedad y mejorar la salud intestinal.
Los expertos recomiendan remojar las semillas de chía en agua o yogur antes de comerlas y usar aproximadamente 1-2 cucharadas al día, combinadas con una dieta saludable y ejercicio regular. Esto ayuda a promover los beneficios de las semillas de chía en el apoyo a la reducción de la grasa visceral y la mejora de la salud general.