El 14 de marzo, el presidente estadounidense Donald Trump afirmó que los países afectados por la rotura del suministro de energía deben coordinarse con Estados Unidos para garantizar la fluidez del Estrecho de Ormuz. Esta es una ruta de transporte del 20% del petróleo y el gas del mundo, pero ha sido bloqueada desde que estalló el conflicto entre la coalición estadounidense-israelí e iraní.
Trump nombró públicamente a China, Francia, Japón, Corea del Sur y Gran Bretaña con la esperanza de que estos países contribuyan con fuerzas navales para llevar a cabo conjuntamente con Estados Unidos operaciones militares para eliminar por completo las minas marinas y las amenazas de los drones en el mar.
Aunque la declaración ha debilitado significativamente el poder de Irán, Trump todavía reconoce la amenaza asimétrica de las minas marinas y los drones suicidas de Irán. En respuesta a este llamamiento, la Armada del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) afirmó que el estrecho todavía está bajo su estricto control.

El estancamiento en el "caldero" del Golfo está empujando al mundo a una crisis multicapa. No solo los precios de la gasolina se están disparando, sino que la seguridad alimentaria mundial también está seriamente amenazada.
El Estrecho de Ormuz es una puerta de entrada para la exportación de fertilizantes esenciales para la producción de cereales que sustentan a más del 40% de la población del planeta. Las Naciones Unidas advierten que millones de personas estarán en peligro si los envíos humanitarios y los suministros agrícolas siguen atrapados tras el bloqueo.
Actualmente, Estados Unidos está desplegando miles de marines y el buque de asalto anfibio USS Tripoli en la región. Sin embargo, los analistas creen que una solución militar unilateral difícilmente puede resolver completamente el problema. Solo unas pocas pequeñas incursiones de Irán son suficientes para hacer que las compañías de seguros marítimos se nieguen a otorgar licencias, manteniendo el estado de parálisis de este corredor.
El conflicto que se produjo a finales de febrero de 2026 ha causado grandes pérdidas de vidas y bienes. Ante la creciente presión económica, las potencias se enfrentan a dos caminos: unirse a una alianza militar liderada por Estados Unidos para una confrontación directa, o buscar acuerdos diplomáticos separados con Irán como lo han hecho India y Turquía para proteger sus intereses nacionales. Esta división hace que la situación en Ormuz sea extremadamente compleja e impredecible.