La grasa a menudo se menciona menos que las proteínas y las fibras en los temas nutricionales. Sin embargo, según Lauren Panoff, nutricionista (RD) en los Estados Unidos, estos son nutrientes esenciales, que juegan un papel importante en el cerebro y muchas actividades del cuerpo.
El cerebro humano tiene casi el 60% de su composición de grasa en peso seco, lo que demuestra la importancia de complementar completamente este nutriente en la dieta. No solo participa en la estructura, sino que la grasa también apoya muchas funciones biológicas esenciales.
Específicamente, la grasa contribuye a mantener el rendimiento cerebral, apoya el aprendizaje y la memoria. Al mismo tiempo, este nutriente también está relacionado con la regulación del estado de ánimo, la reducción de la inflamación y la participación en el proceso de producción de hormonas. La grasa también juega un papel en la formación de nuevas células cerebrales y proporciona energía cuando es necesario.
Además, la grasa ayuda al cuerpo a absorber eficazmente las vitaminas liposolubles como A, D, E y K, que son necesarias para muchas actividades vitales, desde la vista hasta la inmunidad y el metabolismo.
Cuando una dieta carece de grasa, el cuerpo puede experimentar síntomas como fatiga, disminución de la concentración, trastornos endocrinos, piel y cabello secos o cambios de humor. Si se prolonga, esta condición puede afectar la función cerebral y la visión.
Los expertos recomiendan priorizar las grasas insaturadas en la dieta. Este grupo de grasas es beneficioso para la actividad cerebral, ayuda a mantener la memoria, estabilizar la psicología y también apoya la protección de la salud cardiovascular.
Por el contrario, las grasas saturadas y las grasas trans deben limitarse porque pueden causar efectos negativos en el sistema cardiovascular y el metabolismo si se consumen en exceso.
En cuanto al consumo, las grasas deben representar entre el 20 y el 35% de la energía total diaria. Con una dieta de 2.000 calorías, esta cifra equivale a entre 44 y 78 gramos, de los cuales las grasas saturadas deben controlarse a un nivel bajo.
Para asegurar el equilibrio nutricional, se pueden agregar grasas saludables a las comidas principales y secundarias, combinadas con proteínas y fibra. Este enfoque ayuda a mantener una energía estable y apoya el funcionamiento eficaz del cerebro.
En general, la grasa es un componente indispensable para la salud cerebral. Elegir el tipo correcto y complementarlo razonablemente contribuirá a mantener la función cognitiva y mejorar la salud a largo plazo.