Este tipo de almidón se encuentra en plátanos verdes, avena, legumbres y arroz o patatas enfriadas después de cocinar.
Según el profesor John A. Hawley, experto en metabolismo y nutrición de la Universidad Tecnológica de Queensland (Australia), el almidón resistente no se digiere completamente en el intestino delgado sino que baja al colon, donde las bacterias beneficiosas fermentan para producir ácidos grasos de cadena corta. Este proceso contribuye a mejorar la sensibilidad a la insulina y apoya el control del azúcar en sangre.
A diferencia del almidón común, el almidón resistente se absorbe más lentamente, lo que ayuda a reducir la tasa de aumento de azúcar en sangre después de las comidas. Algunos estudios publicados en The Journal of Nutrition and Nutrients muestran que agregar almidón resistente a la dieta puede mejorar el control del azúcar en sangre en personas con prediabetes y personas con diabetes tipo 2.
Además de afectar el azúcar en sangre, el almidón resistente también crea una sensación de saciedad duradera, ayuda a controlar el peso y nutre un microbioma intestinal saludable. Todos estos son factores importantes que ayudan a reducir el riesgo de trastornos metabólicos y enfermedades cardiovasculares.
Sin embargo, los expertos señalan que el almidón resistente no es un "alimento milagroso". Para lograr la eficacia, los usuarios deben combinar una dieta equilibrada, aumentar las verduras, hacer ejercicio regularmente y limitar los alimentos ricos en azúcar y grasas saturadas.
La suplementación adecuada de almidón resistente puede convertirse en parte de una estrategia para controlar el azúcar en sangre y mantener la salud a largo plazo.