La terapia de calor es cada vez más de interés para muchas personas en la atención médica. Se cree que la exposición a temperaturas extremadamente bajas o extremadamente altas puede ayudar a la recuperación del cuerpo, mejorar la circulación y reducir el estrés. Sin embargo, cada método tiene diferentes efectos fisiológicos, adecuados para cada objetivo específico.
Según el Dr. Pooja Pillai, especialista en Medicina Interna del Hospital Aster CMI (Bangalore, India), la elección de duchas frías o saunas termales debe basarse en las necesidades y el estado de salud de cada persona. Estas dos terapias no se reemplazan sino que añaden beneficios en diferentes aspectos.
Baños fríos: Reduce la inflamación y se recupera rápidamente
Bañarse con agua fría suele ser sumergir el cuerpo en agua a menos de 15°C durante un corto período de tiempo. Cuando se expone al agua fría, los vasos sanguíneos se contraen, lo que ayuda a reducir la inflamación y limitar la hinchazón, especialmente después de ejercicios de alta intensidad. Por lo tanto, este método es aplicado por muchos atletas para restaurar los músculos y reducir el dolor después del ejercicio.
Además, la exposición al frío también estimula el sistema nervioso, ayudando al cuerpo a estar alerta y aumentando los niveles de energía. Algunos estudios muestran que, si se hace de manera correcta y regular, el cuerpo puede adaptarse mejor a los cambios de temperatura, mejorando así la circulación sanguínea gracias a la capacidad flexible de los vasos sanguíneos.
Sin embargo, los baños fríos no son adecuados para todos. Las bajas temperaturas pueden aumentar temporalmente la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Las personas con enfermedades cardiovasculares, presión arterial alta o problemas de salud subyacentes deben consultar a un médico antes de aplicarlos.
Los baños fríos son adecuados cuando deseas:
Reduce la inflamación
Recuperación rápida después del entrenamiento
Aumentar la vigilancia
Sauna de vapor caliente: Relajación y reducción del estrés
Por el contrario, la sauna suele tener una temperatura de 70 a 100 °C. La alta temperatura dilata los vasos sanguíneos, aumenta la circulación sanguínea y ayuda a que los músculos se relajen. Esta es una opción adecuada para personas con dolor muscular, rigidez articular o que necesitan relajar el cuerpo después de un largo día de trabajo.
Un beneficio notable de la sauna es que ayuda a reducir el estrés. Las altas temperaturas pueden reducir los niveles de cortisol, la hormona relacionada con el estrés, mejorando así el estado de ánimo y brindando una sensación de relajación. Muchas personas también dicen que duermen mejor cuando hacen sauna por la noche.
Sin embargo, la sauna durante demasiado tiempo o en condiciones inapropiadas puede causar deshidratación, mareos o presión arterial baja. Las personas con enfermedades cardiovasculares también deben tener precaución.
¿Qué método elegir?
Según los expertos, no existe un método adecuado para todos los casos. Un baño de agua fría es adecuado para reducir la inflamación y la recuperación después del ejercicio, mientras que el vapor caliente ayuda a relajarse, reducir el estrés y mejorar el sueño.
Al aplicarlo, es necesario ajustar el tiempo apropiado y consultar a un médico si tiene enfermedades cardiovasculares, presión arterial alta o enfermedades subyacentes.