El 9 de abril, la Fuerza Naval del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) emitió una directiva obligando a todos los barcos que tengan la intención de transitar por el Estrecho de Ormuz a cumplir con dos rutas alternativas.
Según un anuncio oficial, esta medida se toma para garantizar la seguridad de los vehículos de transporte ante el riesgo de colisión con minas antibuque en la zona, que se encuentra en un nivel alarmante debido a las tensiones militares. Irán afirma que la coordinación directa con la Armada del CGRI es un requisito obligatorio hasta nuevo aviso.
Un punto notable es que ambas rutas alternativas dirigen los barcos hacia aguas cercanas a la isla iraní de Larak. Los observadores señalan que este es un esfuerzo de Teherán para reforzar el poder de supervisión real sobre este canal estratégico.
Al obligar a los buques petroleros súper grandes a acercarse a sus bases, el IRGC puede identificar y controlar fácilmente la información de las mercancías. Esta medida se produce en el contexto del alto el fuego de 14 días entre Estados Unidos e Irán que acaba de entrar en su segundo día.
Esta nueva regulación marítima está creando otra "pierna" en la mesa de negociaciones en Islamabad prevista para el 10 de abril. Estados Unidos siempre ha considerado la libertad de navegación sin obstáculos como la máxima prioridad y la redirección unilateral de barcos por parte de Irán puede considerarse un acto que desafía los compromisos de libre comercio.
Estados Unidos e Israel mantienen una estrecha coordinación para garantizar que todos los próximos acuerdos de paz vayan acompañados del levantamiento de estas restricciones marítimas, al tiempo que exigen a Irán una desnuclearización completa.
Para las empresas de transporte, cambiar las rutas no solo causa preocupación por la seguridad, sino que también es un problema económico difícil. Cada día de retraso de un gran petrolero puede causar daños de 50.000 a 80.000 dólares en costos operativos y de seguros.
Si esta situación persiste, la presión de los costos cambiará rápidamente a los precios de la gasolina y el petróleo en los mercados de consumo, sacudiendo la caída del precio del petróleo Brent, que acaba de retroceder al nivel de 90,5 dólares por barril.