Esta histórica transacción energética marca un cambio de dirección espectacular en las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela.
El 19 de febrero, hablando ante sus partidarios en una fábrica de acero en Georgia, el presidente estadounidense Donald Trump confirmó que esta enorme cantidad de petróleo está en camino de llegar al puerto de Houston, Texas.
Trump describió con confianza la relación actual con Venezuela como maravillosa. Aunque Estados Unidos ya posee un abundante suministro de energía, enfatizó que Washington está desempeñando un papel muy importante para ayudar a Caracas en el consumo de recursos.
Esta corriente de energía es una consecuencia directa de los impactantes cambios militares en la nación sudamericana recientemente. A principios de enero, las fuerzas especiales estadounidenses llevaron a cabo una operación de asalto sin precedentes en la capital, Caracas, arrestando al presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa y escoltandolos directamente a Estados Unidos.
En el juicio federal de Nueva York posterior, ambos se enfrentaron a graves cargos relacionados con una red de narcotráfico transnacional. Aunque tanto Maduro como su esposa negaron resueltamente todos los cargos, el poder de dirigir el país en Caracas ahora ha sido transferido a Delcy Rodríguez como presidenta interina.
El acuerdo de transferencia de petróleo gigante mencionado anteriormente fue en realidad estructurado por Estados Unidos de antemano. Inmediatamente después del incidente político, Trump reveló que la nueva administración venezolana entregaría entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo crudo a Estados Unidos para llevarlo al mercado de consumo.
En particular, el jefe de la Casa Blanca anunció que supervisará personalmente todo el flujo de dinero recaudado de este acuerdo.
Para garantizar el máximo beneficio para la economía nacional, Trump impuso reglas estrictas que obligan a Venezuela a utilizar todos los ingresos de la venta de petróleo solo para recomprar productos fabricados en Estados Unidos.
Los analistas evalúan que este es un paso estratégico inteligente de Washington. El puerto de Houston, con un sistema de refinerías de petróleo a escala mundial, está ahora listo para recibir y procesar este enorme flujo de oro negro.
Esta medida no solo ayuda a Estados Unidos a controlar estrictamente los recursos de la nación sudamericana, sino que también crea directamente una enorme demanda para las empresas manufactureras nacionales.