El 24 de marzo, la Organización de Energía Atómica de Irán (AEOI) dijo que Estados Unidos e Israel habían llevado a cabo un nuevo ataque contra la central nuclear de Bushehr en el suroeste del país. Sin embargo, según Irán, la infraestructura de la central no se vio afectada y no se registraron víctimas.
Según la información inicial, una ojiva cayó en el área dentro de la fábrica, pero "no causó daños a los elementos técnicos ni interrumpió el funcionamiento". AEOI enfatizó que todo el sistema seguía funcionando normalmente.
Esta no es la primera vez que esta zona es atacada. Anteriormente, en la noche del 17 de marzo, se produjo un ataque aéreo cerca de la unidad de la planta de Bushehr. Irán informó del incidente a la Agencia Internacional de Energía (OIEA), lo que obligó al Director General Rafael Grossi a pedir a las partes que "se contengan al máximo" para evitar el riesgo de un desastre nuclear.
Mientras tanto, el presidente estadounidense Donald Trump declaró que Irán había aceptado la petición clave de Washington para poner fin al conflicto: No desarrollar armas nucleares. "Aceptaron. Nunca poseerán armas nucleares", dijo Trump, al tiempo que expresó optimismo sobre la posibilidad de alcanzar un acuerdo.

Sin embargo, Teherán nunca ha confirmado públicamente esto, ni siquiera ha negado estar negociando directamente con Estados Unidos. Sin embargo, Trump afirmó que los canales de comunicación aún existen y que Irán "está hablando de manera razonable".
El líder estadounidense también enfatizó que Washington quiere que Irán abandone por completo los materiales nucleares, incluido el uranio enriquecido en todos los niveles. "Queremos también el polvo nuclear", dijo, refiriéndose a la demanda de un control integral del programa nuclear de Teherán.
Paralelamente a las declaraciones diplomáticas, Estados Unidos está aumentando su presencia militar en Oriente Medio. Según fuentes cercanas, el Pentágono se está preparando para desplegar unos 3.000 soldados de la 82a División Aerotransportada, una de las fuerzas de respuesta rápida más elitistas, en la región para apoyar la operación militar con Israel.
Este movimiento demuestra que Washington no solo está ejerciendo presión diplomática, sino que también está dispuesto a mantener opciones militares para evitar que Irán reconstruya su programa nuclear. Anteriormente, la operación llamada Puente Nocturno, anunciada por Trump, había "eliminado" la capacidad nuclear de Teherán, pero se cree que los nuevos ataques tienen como objetivo evitar el riesgo de reinicio.
Además del objetivo nuclear, Estados Unidos también quiere neutralizar la capacidad de misiles de Irán para reducir el riesgo de ataques contra Israel y sus aliados en la región.
Aunque Irán afirma que la planta de Bushehr sigue siendo segura, el ataque a una instalación nuclear, aunque sin daños, sigue siendo una señal preocupante. El riesgo de escalada del conflicto, especialmente si está relacionado con objetivos sensibles como la infraestructura nuclear, está acercando a Oriente Medio a un escenario incontrolable.