En declaraciones a la prensa el 13 de abril, el primer ministro británico Keir Starmer enfatizó que Gran Bretaña no quiere verse envuelta en la guerra con Irán, y afirmó que la máxima prioridad es restaurar completamente el funcionamiento de esta ruta marítima estratégica.
Dijo que Gran Bretaña ha desplegado dragaminas en la zona, pero se negó a revelar detalles de las operaciones. Según él, la capacidad militar actual se centra en el objetivo de garantizar que el Estrecho de Ormuz se reabra por completo.
La declaración del Primer Ministro británico se produjo en un contexto en el que Estados Unidos se prepara para desplegar un bloqueo marítimo contra los puertos y la zona costera de Irán, después de que las conversaciones de fin de semana no llegaran a un acuerdo para poner fin al conflicto.
El Comando Central de Estados Unidos dijo que esta medida se aplicará a todos los barcos que entren y salgan de los puertos iraníes, incluidos los puertos del Golfo Arábigo y el Golfo de Omán. Sin embargo, los barcos que crucen el Estrecho de Ormuz para llegar a los puertos no iraníes no se verán obstaculizados.
El presidente estadounidense Donald Trump también declaró que las fuerzas estadounidenses bloquearán todos los barcos en aguas internacionales si han pagado a Irán. Advirtió que cualquier acto de ataque contra las fuerzas estadounidenses o los barcos civiles será respondido con fuerza.
Mientras tanto, Gran Bretaña sigue manteniendo su postura de no apoyar el bloqueo, destacando la importancia de garantizar el tráfico marítimo y la estabilidad regional.