Las lentejas son uno de los tipos de frijoles que se utilizan comúnmente en las dietas ricas en plantas. Este alimento proporciona proteínas, carbohidratos complejos y fibra, y puede reemplazar una porción de carne roja en las comidas.
El grupo de frijoles y verduras tiene niveles de purina significativamente más bajos que la carne y los mariscos.
Las lentejas se pueden usar en sopas, ensaladas o combinadas con verduras y cereales integrales. Una comida razonable puede reemplazar una porción de carne roja con lentejas, al tiempo que aumenta las verduras y limita los alimentos procesados.
Los pacientes deben priorizar las lentejas cocinadas de forma sencilla, evitando cocinarlas con caldo de huesos, órganos internos o con demasiada carne roja.
Reemplazar una nueva fuente de proteínas es un factor importante: un plato de lentejas tendrá un significado más positivo cuando reemplace una porción de alimentos ricos en purinas, en lugar de comerse en una comida que ya tiene demasiada carne y mariscos.
Las personas con gota mantienen un peso saludable, limitan el alcohol, evitan las bebidas azucaradas y reducen los alimentos como la carne roja, los órganos internos y algunos mariscos. Una dieta mediterránea, rica en verduras, frutas y cereales integrales, puede ayudar a reducir los niveles de urato en sangre.
Aunque las lentejas son una opción que vale la pena considerar, controlar la gota no reside en un solo plato. Los pacientes deben prestar atención a toda la dieta, el peso, la cantidad de alcohol y el cumplimiento del tratamiento.
Para las personas con gota recurrente frecuente o con tofos, los cambios de estilo de vida simples a menudo son insuficientes y los antiuratos siguen desempeñando un papel fundamental en el control de la enfermedad.
Por lo tanto, en lugar de abstenerse absolutamente de todo tipo de frijoles, las personas con gota pueden incluir lentejas en el menú con una dieta adecuada como fuente de proteína vegetal.
Esta opción es especialmente útil cuando ayuda a reducir la dependencia de la carne roja y a construir una dieta más equilibrada. Lo más importante sigue siendo controlar el ácido úrico periódicamente y combinar la dieta con el régimen de tratamiento prescrito por el médico.