No pocos padres han caído en la situación de que cuanto más enseñan a sus hijos, más cansados se vuelven. Si los niños se equivocan, los padres regañan. Si los niños lloran, los padres se enojan aún más. Al final, los niños no progresan sino que se vuelven silenciosos, se oponen o su rendimiento académico disminuye. Lo notable es que los niños no "se pierden" por ser regañados una vez, sino porque los padres regañan incorrectamente de manera repetitiva, lo que hace que los niños pierdan la fe en sí mismos.
El error más común es regañar a los niños con palabras ofensivas como "Eres demasiado estúpido", "Eres inútil".
Estas frases no enseñan a los niños a corregir errores, sino que solo les hacen creer que son realmente incompetentes. Cuando los niños se han dado por sentado que han fracasado, ya no querrán esforzarse.
El segundo error es regañar a los niños delante de los demás.
Muchos padres piensan que hacerlo es para que sus hijos lo dejen pasar, pero en realidad solo hace que sus hijos se sientan avergonzados, heridos y cada vez más distantes. Cuanto mayores son los niños, más fácil es resistirse porque se sienten difamados.
El tercer error es comparar a los niños con amigos o hermanos.
La comparación no crea motivación, sino que crea complejos. Los niños no aprenden mejor, sino que solo aprenden a envidiar y sentirse inseguros.
El cuarto error es regañar a los niños cuando los padres están demasiado enojados.
En un ataque de calor, las palabras suelen ser duras y difíciles de controlar. Muchos padres se arrepienten después de regañar, pero las heridas en el corazón de sus hijos no se curan fácilmente.
El quinto error es regañar durante mucho tiempo, repitiendo una y otra vez.
Cuanto más tiempo regañes, más callado se vuelve el niño. Al principio tiene miedo, luego se acostumbra y, al final, ya no escucha.
El último error es equiparar el error con el carácter.
Que un hijo haga algo mal no significa que sea un niño malo. Pero muchos padres culpan a sus hijos, haciendo que crean que no son "nada".
Si quieres que tu hijo progrese, los padres deben regañar el comportamiento incorrecto y guiarlo para que lo corrija. Una frase tranquila a veces es cien veces más efectiva que gritar.