El viejo pintor preguntó lentamente: "¿Te arrepientes de que el talento se esté desperdiciando, o de que una historia hermosa no tenga un final completo?" El joven respondió de inmediato: "Ambos. Tiene una habilidad única pero carece de disciplina. Las lesiones y las fiestas le han impedido alcanzar una posición superior". El viejo pintor sonrió: "Estás hablando como un arquitecto, creyendo que todo tiene estructura y cimientos sólidos. Pero el talento innato no sigue la lógica del hormigón armado. El problema de personas como Neymar es que están demasiado acostumbradas a ser superiores sin entrenamiento. Cuando alguien gana demasiado fácilmente desde la línea de salida, no aprenderán a soportar y superar el aburrimiento de la disciplina".
¿Quiere decir que el éxito temprano es una trampa?", el joven levantó la ceja. El viejo pintor asintió con la cabeza: "Exactamente. Crea la ilusión de que el talento es suficiente. Pero en realidad, el talento es solo el punto de partida. La perseverancia y la capacidad de forzarse a ir más lejos determinan cuánto durará la carrera. Neymar es como una obra con una fachada magnífica que hace que el mundo se maraville, pero los cimientos no están lo suficientemente reforzados. Cuando el dinero y la fama llegan demasiado pronto, la gente tiende a detenerse donde se siente "suficiente". En un mundo lleno de elogios, ser estricto consigo mismo se vuelve extremadamente difícil". El arquitecto suspiró: "¿Así que este final es inevitable, señor?". "El tiempo no espera", respondió el viejo pintor. "No le importa quién haya sido, solo le pregunta qué puede hacer hoy. La mayor tragedia del talento no es la falta de oportunidades, sino la falta de disciplina para mantener las oportunidades cuando las tiene".
La habitación permaneció en silencio. El arquitecto miró hacia atrás a la imagen del jugador en la pantalla, y luego dijo suavemente como diciéndose a sí mismo: "Tal vez para los creadores, lo más aterrador no es el fracaso, sino detenerse demasiado pronto cuando todavía pueden ir más lejos". El viejo pintor asintió, sus ojos se calmaron. Él entendió que lo más lamentable de una estrella no es perderse un torneo, sino nunca tocar la versión más brillante de sí mismo.