Durante mucho tiempo, la mayoría de los sistemas escolares de todos los niveles en todo el país han operado con un modelo de gestión relativamente simple y tradicional, con una escala de cada escuela no grande, un número moderado de profesores y estudiantes, y un alcance de gestión principalmente dentro de un campus determinado.
Ahora, cuando dos o tres escuelas se fusionan, esa imagen cambia por completo. Un futuro director podría tener que administrar un sistema escolar con muchos puntos de aprendizaje, cientos de profesores y miles de estudiantes.
Si los directores siguen gestionando según el pensamiento administrativo tradicional, es muy fácil que se produzca una situación en la que el aparato sea más compacto pero la gestión sea lenta e ineficaz. La brecha entre la junta directiva y los profesores aumenta, y la inspección profesional es más difícil de profundizar.
Por lo tanto, lo que hay que invertir después de la fusión para las escuelas, además del sistema de infraestructura, también es la calidad de las personas, específicamente la capacidad de gestión del equipo de liderazgo escolar.
Un director en el nuevo contexto debe saber cómo gestionar el personal, la gestión financiera, la gestión de la calidad, la gestión de los datos y la transformación digital para promover la capacidad de los profesores en muchas instituciones, garantizar una enseñanza uniforme entre las escuelas y conectar y supervisar las actividades de forma remota.
En particular, los directores deben tener la capacidad de gestionar los cambios, porque cualquier fusión conlleva fluctuaciones en la psicología, la organización y la forma de trabajar.
La reorganización de la red escolar no es en realidad solo una reorganización de la organización, sino también una reorganización de los métodos de gestión. Si solo se cambia el esquema del aparato sin cambiar la forma de operar, el objetivo de mejorar la calidad de la educación será muy difícil de alcanzar.
La capacidad de liderazgo del nuevo jefe es el factor decisivo para la eficacia operativa a largo plazo de una escuela. Y esta reorganización de la red escolar es el momento adecuado para construir un nuevo marco de competencias para los directores, estandarizar los programas de formación en gestión escolar y aumentar la autonomía junto con la rendición de cuentas.
Los jefes con suficiente capacidad sabrán cómo organizar un aparato racionalizado pero eficaz, explotar bien los recursos y crear motivación para la innovación para los profesores.
La reorganización de las escuelas, por lo tanto, no es una fusión mecánica de instituciones educativas entre sí. El objetivo final es formar un nuevo modelo de gestión, adecuado a los requisitos de la educación moderna.
Cuando cada escuela se opere mediante el pensamiento de gestión en lugar de solo la gestión administrativa, esta reforma realmente creará un cambio en la calidad de la educación y una base para el desarrollo sostenible en los próximos años.