La proteína es necesaria pero no debe abusarse.
Una dieta rica en proteínas es cada vez más común en la comunidad de entrenamiento y control de peso. La proteína se encuentra en la carne, el pescado, los huevos, la leche, los frijoles, las nueces y los suplementos como la proteína de suero de leche. Este es un nutriente esencial que ayuda a construir músculo, reparar tejidos, producir enzimas y apoyar la inmunidad.
Según el Dr. Aakash Shah, vicepresidente de tecnología de Neuberg Diagnostics, el problema no radica en las proteínas en sí, sino en el consumo excesivo y prolongado, especialmente de fuentes animales ricas en purinas. Cuando se metabolizan, las purinas producen ácido úrico. Los riñones sanos pueden eliminar el ácido úrico de forma eficaz, pero si se consumen en exceso durante mucho tiempo o ya existen factores de riesgo, el ácido úrico puede acumularse silenciosamente.
La recomendación general es de aproximadamente 0,8 gramos de proteína por kg de peso corporal al día. Algunos documentos sugieren que el nivel máximo seguro puede ser de hasta 2 gramos por kg de peso corporal, pero superar este umbral puede aumentar la carga metabólica de los riñones.
Las pruebas ayudan a identificar los riesgos a tiempo
Un estudio publicado en el International Journal of Sport Nutrition and Exercise Metabolism en 2000 mostró que los atletas sanos que consumen altas proteínas no registran una disminución de la función renal. Esto sugiere que los riñones normales son adaptables, pero no todos son iguales.
Según el Dr. Shah, las pruebas séricas de creatinina y los niveles estimados de filtración glomerular ayudan a evaluar la capacidad de filtración sanguínea. Las pruebas de orina pueden detectar proteínas microscópicas o cristales de ácido úrico. El seguimiento periódico ayuda a distinguir los cambios temporales causados por la dieta de los daños prolongados.
Las personas con diabetes, presión arterial alta, síndrome metabólico o antecedentes familiares de enfermedad renal deben tener especial precaución. Los expertos recomiendan construir una dieta equilibrada, beber suficiente agua y hacerse chequeos de salud periódicos en lugar de seguir tendencias nutricionales.