Después de las comidas, muchas personas tienen la costumbre de sentarse directamente en el sofá o inclinar la espalda para navegar por el teléfono. Este hábito aparentemente inofensivo puede ralentizar la digestión, hacer que el estómago se hinche fácilmente y al mismo tiempo aumentar el azúcar en sangre más rápidamente.
Un pequeño cambio pero beneficioso para el cuerpo es pararse contra la pared durante unos 10 minutos, preferiblemente dentro de los 20 minutos posteriores a comer. Simplemente ponte de pie, deja que la espalda, la nuca y los glúteos toquen la pared, los talones a 5-10 cm de la pared, aprieta suavemente los músculos abdominales inferiores y respira de forma natural. Esta postura ayuda a que el sistema digestivo funcione de manera más eficiente, apoya los músculos abdominales y mejora la postura, limita la joroba y los hombros redondos. Muchas personas dicen que la sensación de hinchazón después de comer disminuye significativamente al mantener este sencillo hábito.
Además, la forma de comer también afecta en gran medida el azúcar en sangre y la capacidad del cuerpo para acumular grasa. Lo importante no es solo comer poco o mucho, sino ayudar a que el azúcar en sangre y la insulina sean más estables después de las comidas.
Un consejo fácil de aplicar es cambiar el orden de los platos, primero comer verduras, luego alimentos ricos en proteínas como pescado, huevos, carne magra, frijoles... y finalmente usar almidón o plato principal. Esta forma de comer ayuda a que el azúcar en sangre aumente más lentamente, limita las fluctuaciones de la insulina, reduciendo así la tendencia a almacenar grasa, especialmente en el abdomen. Este método se considera adecuado para personas con riesgo de prediabetes, hígado graso o cintura alta.
Además del ejercicio y la dieta, beber suficiente agua también juega un papel importante pero a menudo se pasa por alto. Beber demasiada agua puede hacer que el cuerpo caiga en un estado leve de deshidratación, ralentizando el metabolismo y afectando la digestión.
Para las personas con funciones cardíacas y renales normales, se deben mantener entre 1,5 y 2 litros de agua al día, divididos en varias veces para beber de la mañana a la noche. Priorizar el agua filtrada o el té diluido, limitar las bebidas azucaradas. Cuando el cuerpo recibe suficiente agua, la actividad digestiva, circulatoria y de eliminación de residuos también se desarrolla de manera más fluida, lo que ayuda al cuerpo a sentirse más ligero y cómodo después de las comidas.