Los cálculos renales son una afección común, que ocurre cuando minerales y sales se cristalizan en bloques sólidos en los riñones o los tractos urinarios. La enfermedad puede causar dolor intenso, especialmente cuando los cálculos se mueven en la uretra.
Según la Dra. Nitin Shrivastava, consultora líder en urología en el Hospital Manipal, Gurugram (India), los cálculos renales pueden excretarse por sí solos en algunos casos, especialmente cuando son pequeños. Los cálculos de menos de 5 mm tienen una alta probabilidad de excretarse por sí solos si se monitorean y apoyan adecuadamente. Sin embargo, no todos pueden excretarse por sí solos sin intervención médica.
Los cálculos renales se forman cuando la orina contiene más sustancias como calcio, oxalato o ácido úrico de lo que se puede disolver. La deshidratación, el consumo excesivo de sal o los trastornos metabólicos son factores que aumentan el riesgo de formación de cálculos.
El proceso de excreción de cálculos ocurre cuando los cálculos se mueven de los riñones a la uretra, luego a la vejiga y finalmente a la uretra. La etapa en la que los cálculos pasan por la uretra suele ser la más dolorosa, con dolores punzantes en la espalda o las caderas. Cuando los cálculos bajan a la vejiga, los síntomas generalmente disminuyen, pero pueden causar una sensación de necesidad de orinar continuamente.
La capacidad de autoexcreción depende principalmente del tamaño. Los cálculos de menos de 4 mm tienen alrededor del 80% de capacidad para salir por sí solos. Con cálculos de 4 a 6 mm, esta tasa se reduce a alrededor del 50%. Mientras tanto, los cálculos de más de 6 mm son muy difíciles de excretar por sí solos y a menudo requieren intervención médica.
Además del tamaño, la ubicación de los cálculos también es muy importante. Los cálculos ubicados cerca de la vejiga son más fáciles de excretar que los cálculos ubicados alto en los riñones. La composición de los cálculos también afecta este proceso, en el que los cálculos de ácido úrico pueden ayudar a disolverse con medicamentos.
Los pacientes pueden apoyar el proceso de excreción natural bebiendo suficiente agua (2–3 litros al día), aumentando los alimentos ricos en citrato como el limón, reduciendo la sal y manteniendo un ejercicio ligero. En algunos casos, el médico puede recetar medicamentos para ayudar a dilatar las uretras para que los cálculos salgan más fácilmente.
Sin embargo, no debe ser subjetivo. Si aparecen signos como fiebre, escalofríos, dolor intenso que no disminuye, sangrado urinario abundante o incapacidad para orinar, el paciente debe acudir al médico de inmediato. Estos pueden ser signos de obstrucción o infección grave.
Si no se trata a tiempo, los cálculos renales pueden causar complicaciones peligrosas como hidronefrosis, infección e incluso insuficiencia renal. Por lo tanto, el seguimiento y el tratamiento adecuados son muy importantes.
En resumen, los cálculos renales pequeños pueden eliminarse por sí solos, pero esta capacidad depende de muchos factores. Los pacientes deben ser examinados y seguir las instrucciones de su médico para garantizar la seguridad.