La inflamación es una respuesta natural del sistema inmunitario a traumatismos, infecciones o irritaciones. Si bien la inflamación a corto plazo ayuda al cuerpo a recuperarse, la inflamación crónica está relacionada con enfermedades como enfermedades cardiovasculares, diabetes o obesidad. Los índices inflamatorios como la proteína reactiva C (CRP), la interleucina-6 (IL-6) o el factor necrótico tumoral alfa (TNF-α) aumentan cuando el cuerpo está inflamado.
Deshidratación y reacciones inflamatorias
Incluso la deshidratación leve puede causar cambios fisiológicos: aumento de la hormona del estrés vasopresina, cambios en la función de los vasos sanguíneos y señales inflamatorias. La Dra. Anita C. Chandrasekaran, especialista en atención médica en el Hospital Mount Sinai, EE. UU., explica: "La deshidratación ejerce presión fisiológica sobre el cuerpo, aumentando así las señales inflamatorias temporales. La ingesta de agua ayuda a restaurar el equilibrio pero no reduce directamente los índices inflamatorios".
Un estudio cruzado en adultos mayores mostró que solo beber más agua no reduce el CRP ni otros índices inflamatorios de manera consistente. Incluso beber demasiada agua en un corto período de tiempo puede provocar hiponatremia, peligrosa para la salud.
Cuando el agua es realmente importante
La hidratación es especialmente necesaria cuando el cuerpo está gravemente deshidratado: fiebre, vómitos, diarrea, ejercicio de alta intensidad o en ambientes de alta temperatura, especialmente los ancianos. La hidratación ayuda a restaurar el volumen sanguíneo, apoya la función renal y reduce las hormonas del estrés, estabilizando así la fisiología general.
Sin embargo, para la inflamación crónica, solo beber agua no es suficiente. Las estrategias basadas en evidencia incluyen: hacer ejercicio regularmente, dormir lo suficiente, controlar el peso, una dieta rica en verduras, fibra, omega-3 y tratamiento médico cuando sea necesario.
Calidad diaria recomendada de agua: aproximadamente 11,5 vasos para mujeres y 15,5 vasos para hombres, dependiendo de la actividad, el clima, el tamaño del cuerpo y el estado de salud. Un signo simple para reconocer que el cuerpo está hidratado es la orina de color amarillo pálido.