Impacto a corto plazo
Beber mucho alcohol en un corto período de tiempo puede causar inflamación y acumulación temporal de grasa en el hígado, incluso cuando el cuerpo aún no ha mostrado síntomas claros. Al descomponer el alcohol, el cuerpo produce acetaldehído, una sustancia que puede causar irritación e inflamación de las células hepáticas.
Después de beber en exceso, los análisis de sangre pueden mostrar enzimas hepáticas elevadas, lo que refleja que el hígado está dañado o inflamado. Uno de los efectos comunes es la grasa hepática alcohólica, una condición en la que la grasa se acumula en las células hepáticas.
Además, el alcohol también puede dificultar el metabolismo de las grasas y la absorción de nutrientes. Algunas vitaminas como la B1 y el folato son más propensas a la deficiencia porque el alcohol reduce la capacidad de absorción en el intestino delgado.
Impacto a largo plazo
El hígado tiene la capacidad de autorrepararse, pero beber alcohol en exceso repetidamente puede hacer que este órgano pierda gradualmente la capacidad de recuperarse por completo. Con el tiempo, el daño hepático puede progresar de hígado graso a hepatitis alcohólica y finalmente cirrosis.
El abuso prolongado del alcohol también reduce la capacidad del hígado para desintoxicar y metabolizar, y al mismo tiempo, aumenta el riesgo de cáncer de hígado.